Antón Szandor LaVey.

Por  Burton H. Wolfe

Durante una noche del invierno de 1967 conducía a través de la ciudad de San Francisco para oír una lectura de Antón Szandor LaVey en una conferencia de puertas abiertas de la Liga de Libertad Sexual.
Estaba atraído por los artículos de los periódicos que lo describían como”el Papa Negro” de la iglesia Satánica en la que las ceremonias de bautismo, boda y entierro estaban dedicadas al Diablo. Escribía para varias revistas y creí que podría haber una historia interesante en LaVey y sus paganos contemporáneos puesto que el Diablo siempre había”vendido” bien.

No era la práctica de las artes negras en sí mismo lo que consideraba que sería la historia porque eso no era nada nuevo en el mundo. Habían sectas adoradoras del Diablo y cultos de vudú antes de que hubieran cristianos. En la Inglaterra del siglo XVIII el Hell-Fire club, con conexiones en las colonias americanas a través de Benjamín Franklin obtuvo una cierta notoriedad. Durante principios del siglo XX la prensa mostró a Aleister Crowley como el “hombre más malvado del mundo” y hubo insinuaciones en los años 20 y 30 de una “orden negra” en Alemania.
A esta aparentemente vieja historia LaVey y su organización de faustianos contemporáneos ofrecían sorprendentemente dos nuevos capítulos. Primero, se representaron blasfemamente a sí mismos como una “iglesia”, un término confinado con anterioridad a las ramas del cristianismo, en lugar del Satanismo tradicional y el ancestral saber de la brujería. Segundo, practicaban su magia negra abiertamente, en vez de manera oculta.

Antes de concertar una entrevista preeliminar con LaVey para discutir sobre sus heréticas innovaciones, mi primer paso en la investigación, decidí ver y escucharle como un miembro anónimo del público. En algunos periódicos era descrito como un domador de leones y embaucador que ahora se presentaba a sí mismo como el representante del Diablo en la Tierra, así que primero quería determinar si era un autentico Satanista, un bromista o un charlatán. Ya había conocido a gente que era importante en el negocio del ocultismo; de hecho, Jeane Dixon fue mi casera y tuve oportunidad de escribir sobre ella antes de que Ruth Montgomery lo hiciera. Pero yo consideraba a todos los ocultistas como farsantes, hipócritas o charlatanes, y jamás hubiera gastado cinco minutos en escribir sobre sus varias formas de abracadabra.
Todos los ocultistas con los que me había encontrado o de los que había oído hablar eran mentirosos: visionarios, profetas y brujas que arropaban sus supuestamente poderes místicos en torno a una comunicación espiritual basada en Dios. LaVey, pareciendo que se reía de ellos, si no escupiendo sobre ellos con desprecio, emergió de entre las líneas de las historias de los periódicos como un mago negro que basaba su obra en el lado oscuro de la naturaleza y en el lado carnal de la humanidad. Parecía no haber nada espiritual en su “iglesia”
Cuando oí hablar a LaVey por vez primera me di cuenta al instante de que no había nada que lo conectara con el negocio del ocultismo. Incluso no podría ser descrito como un metafísico. El discurso brutalmente franco que desarrollaba era pragmático, relativista y sobre todo racional. No ;era nada ortodoxo: una explosión al culto religioso establecido, la represión de la naturaleza carnal de la humanidad y la farsa pretensión de la piedad en el curso de una existencia basada en la hipocresía. Igualmente estaba lleno de una sátira sardónica sobre la estupidez humana. Pero lo más importante de todo es que su discurso era lógico. No era magia de charlatán lo que LaVey ofrecía a su audiencia. Era una filosofía de sentido común basada en las realidades de la vida.

Después de haberme convencido de la sinceridad de LaVey tenía que convencerle a él de que intentaba hacer una investigación seria en vez de sumarme a la acumulación de artículos trillados que trataban a la Iglesia de Satán como un nuevo tipo de espectáculo de rarezas. Profundicé en el Satanismo, discutí su historia y sus fundamentos con LaVey y presencié algunos rituales a medianoche en la famosa mansión victoriana que se usaba como cuartel general de la Iglesia de Satán. Después de escribir un artículo serio me encontré con que no era lo que los editores de las revistas “respetables” querían. Ellos sólo estaban interesados en una especie de artículo que hablara sobre cosas extrañas. Finalmente fue una autodenominada revista de “chicas” o para “hombres” -Knight- la que publicara en septiembre de 1968 el primer artículo definitivo sobre LaVey, la Iglesia de Satán y la síntesis de LaVey de las viejas leyendas del Diablo y la sabiduría de la magia negra en la filosofía moderna y la practica del Satanismo que todos los seguidores e imitadores ahora usan el modelo suyo,su guía  e incluso su Biblia.

Mi artículo de la revista fue sólo el comienzo, no el final (como había sido con otros temas de los que había escrito) de una larga e íntima asociación. Más aún, llegó mi biografía de LaVey, The Devil,s Avenger (La Venganza del Diablo) publicada en 1974. Después de publicarse el libro  me convertí en miembro y subsigmentemente en sacerdote de la iglesia de Satán, un título que ahora comparto orgullosamente con muchas personas célebres. Las discusiones filosóficas que en 1967 empezaban después de la medianoche con LaVey aún continúan hoy, una década más tarde,contempladas algunos de estos días por una bruja o algo de nuestra propia música, con él al órgano y yo con la batería, en un cabaret bizarro poblado por superrealistas humanoides creación de LaVey.

Todo el transfondo de LaVey parecía prepararlo para su papel. Él es descendiente de abuelos georgianos, rumanos y alsacianos, incluyendo a una abuela gitana que le trasmitió las leyendas de vampiros y brujas de su Transilvania natal. Tan pronto como a la edad de cinco años LaVey leía revistas de Weird-Tales y libros como Frankstein de Mary Shelley y Drácula de Bram Stoker. La idea de que él era diferente a los otros niños lo convirtió en líder de marchas y maniobras de órdenes militares de juego.
En 1942, cuando LaVey tenía doce años, su fascinación con los soldados de plomo lo llevó a interesarse por la Segunda Guerra Mundial. Ahondó en los manuales militares y descubrió que arsenales para equipar ejércitos y armadas se podían comprar como ultramarinos en el supermercado y usarse para conquistar naciones. Tomó forma en su cabeza la idea de que al contrario de lo que la Biblia cristiana decía, la Tierra no sería heredada por los mansos, sino por los fuertes.
En el instituto LaVey se convirtió en una especie de extraño niño prodigio. Reservando sus estudios más serios fuera de la escuela, ahondó en la música, la metafísica y los secretos de lo oculto. A la edad de quince años se convirtió en segundo oboista de la Ballet Symphony Orchestra de San Francisco. Aburrido de las clases del instituto, LaVey lo dejó en su último año, abandonó su hogar y se unió al Circo Clyde Beatty como cuidador de las jaulas, dando de beber y de comer a los leones y a los tigres. El domador de leones Beatty se dio cuenta de que LaVey se desenvolvía bien trabajando con los grandes felinos y lo hizo su asistente de domador.

Poseído desde la infancia por una pasión hacia las artes y la cultura, LaVey no se contentaba meramente con la excitación de entrenar a las bestias de la jungla y trabajar con ellas en la pista como suplente de Beatty. A los diez afios de edad había aprendido a tocar por sí mismo el piano de oídas» Esto le vino bien cuando el organista del circo se emborrachó antes de una actuación y fue incapaz de tocar; LaVey voluntariamente lo reemplazó, confiando que podría manejar el teclado del desconocido órgano lo suficientemente bien como para conseguir la necesaria música de fondo. Aconteció que él sabía más música y tocaba mejor que el organista regular, así que Beatty destituyó al borracho e instaló a LaVey al instrumento. Acompañaba a la “Bola de Cañón Humana” de Hugo Zachínní y a los espectáculos en la cuerda floja de Wallenda, entre otros.
Cuando La Vey tenía dieciocho años abandonó el circo y se unió a una feria. Allí se convirtió en asistente de un mago, aprendiendo hipnosis y estudiando más sobre lo oculto. Fue una curiosa combinación. Por una parte trabajaba en una atmósfera de vida en su nivel más crudo -música terrenal; el hedor de los animales salvajes y el serrín; actuaciones en los que un segundo de tiempo perdido significaba un accidente o una muerte; representaciones que demandaban juventud y fuerza y que dejaba fuera a quienes se hacían viejos; y un mundo de excitación física que tenía atracciones mágicas. Por otra parte, trabajaba con la magia en el lado oscuro de la mente humana. Tal vez esta extraña combinación cuando tocaba el órgano en los espectáculos secundarios de la feria influenció su forma de empezar a ver a la humanidad.

“El sábado por la noche”, recuerda LaVey en una de nuestras largas charlas, “veía a los hombres deseando con lujuria a las chicas medio desnudas que bailaban en la feria, y el domingo por la mañana, cuando tocaba el órgano para los evangelistas en la otra punta de la feria, veía a los mismos hombres sentados en los bancos de las iglesias con sus esposas e hijos rogando a Dios que los perdonaran y los libraran de sus deseos carnales. Y al siguiente sábado por la noche volvían a la feria o a algún otro lugar de indulgencia. Entonces supe que la Iglesia Cristiana se asienta en la hipocresía y que la naturaleza carnal del hombre prevalece sin importar cuánto pueda ser purgada o castigada por cualquier religión blanca”

Aunque LaVey no se dio cuenta entonces, se encontraba en el camino hacia la formación de  una religión  que serviría como antítesis del cristianismo y de su de su herejía judía. Era una religión antigua más vieja que el cristianismo o o el judaísmo pero que nunca había sido formalizada en un cuerpo de pensamiento y ritual Este fue el papel que jugó LaVey en la civilización del siglo XX.

Después de que Lavey se convirtiera en un  hombre casado en 1951 a la edad de veintiún anos, abandonó el maravilloso mundo de los festivales para asentarse en una carrera mejor acomodada para crear un hogar.Se había matriculado en criminología en en el City College de San Francisco. Esto lo condujo a su primer trabajo, fotógrafo para el Departamento de Policía de San Francisco.Ese trabajo tuvo mucho que ver con su desarrollo del Satanismo como forma de vida.

“Vi el lado mas  sanguinario y horrendo de de la naturaleza humana”,relata LaVey en una sesión en la que habla de su vida pasada.

“Personas con tiros en la cabeza, acuchilladas por  sus amigos; niños pequeños aplastados en el asfalto por conductores que se daban a la fuga. con tiros en la cabeza, Era disgustante y deprimente. Me preguntaba a mi mismo: ¿Dónde está Dios?”. Llegué a detestar la santurrona actitud de la gente hacia la violencia, diciendo siempre que “era voluntad de Dios”.

Así que abandonó asqueado después de tres anos de ser un fotógrafo criminalista y volvió a tocar el órgano, esta vez en locales nocturnos y teatros para ganarse la vida mientras continuaba sus estudios que le apasionaban: las artes negras. Una vez por semana daba clases sobre tópicos arcanos: apariciones, percepción extrasensorial, sueños, vampiros, hombres lobo, adivinación, magia ceremonial, etc. Atrajo a mucha gente que era, o que desde entonces es, bien conocida en las artes y las ciencias y en el mundo de los negocios. Eventualmente se desarrolló un “Círculo Mágico” a partir de este grupo.


El propósito principal del Círculo era conocer la realización de los rítuales mágicos que LaVey había descubierto o ideado. Había acumulado una biblioteca de obras que describían la Misa Negra y otras infames ceremonias dirigidas por grupos como los Caballeros Templarios del siglo XIV en Francia, el Club del Fuego del Infierno y la Aurora Dorada del siglo XVIII y XIX en Inglaterra. El intento de algunas de estas órdenes secretas era blasfemar, satirizar a la iglesia cristiana y señalar al Diablo como una deidad antropomórfica que representaba lo contrario de Dios. Según el punto de vista de LaVey, el Diablo no era eso, sino más bien una oscura y oculta fuerza de la naturaleza responsable de los asuntos terrenales, una fuerza para la que ni la ciencia ni la religión tienen una explicación. El Satán de LaVey es “el espíritu del progreso, el inspirador de todos los grandes movimientos que contribuyen al desarrollo de la civilización y al avance de la humanidad. Él es el espíritu de la rebelión que lleva a la libertad, la personificación de todas las herejías que liberan”

En la última noche de Abril de 1966 -Walpurgisnacht, el festival más importante en la sabiduría de la magia y la brujería- LaVey se afeitó ritualísticamente la cabeza de acuerdo a la tradición mágica y anunció la formación de la Iglesia de Satán. Para identificarse apropiadamente como su ministro se puso un collar clerical. Con ese collar casi se parecía a un santo. Pero su cabeza afeitada a lo Genghis Kan, su barba a lo Mefistófeles y sus estrechos ojos le daban la necesaria apariencia demoníaca para su sacerdocio de la iglesia del Diablo en la Tierra.

“Entre otras cosas”, explica el propio LaVey, “llamarla iglesia me permitió seguir la fórmula mágica de una parte de ultraje y nueve partes de respetabilidad social que se necesita para el éxito. Pero el propósito principal era reunir a un grupo de individuos de ideas parecidas para utilizar sus energías combinadas en invocar a la fuerza oscura de la naturaleza que es llamada Satán”.

Como LaVey apuntó, todas las otras iglesias están basadas en el culto al espíritu y en la negación de la carne y el intelecto. El vio la necesidad de una iglesia que recapturara la mente del hombre y los deseos carnales como objetos de celebración. El auto-interés racional sería alentado y un ego saludable premiado.
Empezó a darse cuenta de que el viejo concepto de una Misa Negra que satirizaba los servicios cristianos estaba pasado de moda, o, como él decía, “fustigando a un caballo muerto”. En la Iglesia de Satán LaVey inició algunos psicodramas estimulantes en lugar de los servicios auto-degradantes del cristianismo, exorcisando así las represiones e inhibiciones fomentMas por las religiones blancas.
Hubo una revolución en la propia iglesia cristiana en contra de los ritos y tradiciones ortodoxas. Se hizo popular el declarar que “Dios ha muerto”. Así, los ritos alternativos que LaVey desarrolló, mientras aún mantenía algunos de los adornos de las antiguas ceremonias, fueron cambiados de un escarnio negativo a formas positivas de celebraciones y purgas: bodas Satánicas consagrando los placeres de la carne, funerales desprovistos de las insulseces santurronas, rituales de lujuria para ayudar a los individuos a satisfacer sus deseos sexuales y rituales de destrucción para permitir a los miembros de la iglesia Satánica a triunfar sobre sus enemigos.

En ocasiones especiales como los bautismos, las bodas y los funerales en el nombre del Diablo, la covertura de prensa, aunque no era solicitada, era fenomenal. Hacia 1967 los periódicos que enviaban a sus reporteros para que escribieran sobre la Iglesia de Satán se extendieron de San Francisco hacia el Pacífico hasta Tokio y a través del Atlántico hasta París. Una foto de una mujer desnuda, medio cubierta de una piel de leopardo, sirviendo como altar a Satán en una ceremonia de boda concebida por LaVey, se transmitió por los servicios de mayor cobertura a los diarios de todo el mundo; y destacó en la primera página de baluartes de la prensa como por ejemplo The Times de Los Angeles. Como resultado de la publicidad se esparcieron a lo largo y ancho del mundo los grottos demostrando uno de los mensajes cardinales de LaVey: el Diablo está vivo y es increíblemente popular entre un gran número de personas.
Por supuesto LaVey indicó a todo aquel que quiso oírlo que el Diablo para sus seguidores no era el estereotipado individuo ataviado con un traje rojo, con cuernos, rabo y horquilla, sino más bien las fuerzas oscuras de la naturaleza que los seres humanos sólo están empezando a comprender. ¿Cómo cuadraba LaVey esa explicación con su propia apariencia con una capucha negra y cuernos? Él replica:

“La gente necesita el ritual, con símbolos como aquellos que encontráis en el béisbol o en los servicios de la iglesia o en las guerras, como vehículos para expandir sus emociones que no pueden sacar o incluso entender”.

No obstante, el propio LaVey pronto se cansó del juego.


Hubo contrariedades. Primero, algunos de los vecinos de LaVey empezaron a quejarse del gran león que tenía a modo de mascota casera, y eventualmente el gran minino era donado al zoo local. Otra, una de las brujas más devotas de LaVey, Jayne Mansfield, murió bajo una maldición que él había colocado en la cabeza de su prometido, el abogado Sam Brody, por una serie de razones que he explicado en The Devil’s Avenger; LaVey la había advertido con frecuencia sobre Brody y se sintió deprimido por su muerte. Fue la segunda muerte trágica de los sesenta de un sex-symbol de Hollywood con quien él había estado íntimamente involucrado; la otra fue Marilyn Monroe, amante de LaVey durante un breve pero crucial período en 1948 cuando él había abandonado la feria y estaba tocando el órgano para clubs de striptease alrededor de la zona de Los Angeles.

Además de todo esto, LaVey estaba cansado de organizar entretenimientos y purgas para los miembros de su iglesia. Había estado en contacto con los últimos restos vivientes de las fraternidades ocultas de Europa anteriores a la guerra, estaba adquiriendo activamente sus filosofías y rituales secretos de la era pre-hitleriana, y necesitaba tiempo para estudiar, escribir y desarrollar nuevos principios. Había estado mucho tiempo experimentando y aplicando los principios de los conceptos espaciales geométricos a los que él denominaba “La Ley del Trapezoide” (él se mofaba de los típicos chiflados que estaban “ladrando a las pirámides erróneas”). También empezó a dejarse ver ampliamente como orador, invitado a programas de radio y televisión, y como consejero de producción y/o técnico de un gran número de producciones de cine y televisión que trataban sobre Satanismo. Algunas veces también hacía de actor. Como el sociólogo Clinton R. Sanders señala:

“…ningún ocultista ha tenido un impacto tan directo sobre las presentaciones del Satanismo en las fórmulas cineastas como Antón Szandor LaVey. El simbolismo esotérico y ritual son elementos centrales en la iglesia de LaVey y las películas en las que él ha tenido algo que ver contienen descripciones detalladas de ritos satánicos y están llenas de símbolos ocultistas tradicionales. El énfasis del ritual en la Iglesia de Satán está “intentando centralizar los poderes emocionales dentro de cada individuo”. Similarmente, el ritualismo ornamentado que es central en las películas de LaVey pueden verse razonablemente como un mecanismo para envolver y centralizar la experiencia emocional de la audiencia cinéfila” .

Al final LaVey decidió transferir los rituales y otras actividades organizadas a los grottos que la Iglesia de Satán tenía alrededor del mundo y dedicarse a escribir, a dar conferencias, a enseñar y a su familia: su esposa Diane, la rubia belleza que sirve como Suma Sacerdotiza de la Iglesia; su hija Karla de negro pelo, ahora a sus recientes veinte años una gran criminóloga como lo fue anteriormente su padre, dedicando mucho tiempo a dar conferencias sobre Satanismo en universidades de muchas partes del país; y finalmente Zeena, recordada por la gente que la vio en la famosa foto del bautismo de la Iglesia Satánica cuando era una niñita, aunque ahora es una quinceañera magníficamente desarrollada que atrae a un creciente número de lobos humanos.
Tras el período de reposo de LaVey llegarían sus libros pioneros y mas ampliamente leídos: primero,La Biblia Satánica. Segundo, Los Rivales Satánicos, que cubre el material más sombrío y complejo de LaVey desenterrado de sus crecientes fuentes. Y tercero, La Bruja Completa, un best-seller en Italia, pero tristemente descatalogado por su editor americano con todo su potencial sin desarrollar.

La fama de LaVey, desde las actividades organizadas por la iglesia hasta sus übros de alcance mundial, ha aumentado ampliamente el número de miembros de la Iglesia de Satán. La creciente popularidad del Satanismo ha estado acompañada naturalmente de historias de miedo de grupos religiosos que se quejan de que ahora La Biblia Satánica vende más copias que la Biblia cristiana en las universidades y que es un factor decisivo de que los jóvenes se alejen de Dios. Y ciertamente, uno sospecha que el Papa Pablo tuvo a LaVey en mente cuando anunció su proclama mundial hace dos años de que el Diablo está “vivo” y “una persona”, un carácter con aliento de fuego, esparcía el mal sobre la tierra. LaVey, manteniendo que el “mal” es la “vida” deletreado al revés (“mal” en inglés es “evil” y “vivir” es “live”) y que debería ser disfrutada y consentida, responde al papa y a los grupos religiosos de esta manera:

“Las personas, organizaciones y naciones están ganando millones de dólares a nuestra costa. ¿Qué harían ellos sin nosotros? Sin la Iglesia de Satán no tendrían a nadie sobre la que descargar su rabia y echar la culpa de todas las cosas podridas que suceden en el mundo. Si ellos piensan realmente de este modo no hubieran llamado la atención tan desproporcionadamente.En cambio, lo que de verdad hay que creer es que ellos son los charlatanes, y que ciertamente ellos están contentos de tenernos, pues así pueden explotarnos. Somos un producto extremadamente valioso. Ayudamos a sus negocios, elevamos su economía, y algunos de los millones de dólares que hemos generado han revertido en la iglesia cristiana. Hemos probado muchas veces en los Nueve Estamentos Satánicos que dicen que la iglesia -e incontables individuos-no pueden existir sin el Diablo”

Por ello la iglesia cristiana debe pagar un precio. Los eventos que LaVey predijo en la primera edición de La Biblia Satánica se han producido. La gente reprimida se ha librado de sus ataduras. El sexo ha explotado, la libido colectiva se ha disparado en películas y libros,en las calles y en los hogares. Las personas bailan desnudas. Las monjas se han despojado de sus hábitos tradicionales, mostrando sus piernas y bailando el “Missa Solemnis Rock” que LaVey pensaba que había evocado como una broma. Hay una incesante búsqueda universal del entretenimiento, buenas comidas y vinos, la aventura y el disfrute del aquí y el ahora. La humanidad ya no está deseosa de esperar una vida tras la muerte que promete recompensar al espíritu limpio y puro -traducido: al espíritu ascético y pardusco. Hay un sentimiento de neo-paganismo y hedonismo, y de ahí ha emergido una amplia variedad de individuos brillantes -médicos, abogados, ingenieros, profesores, escritores, corredores de Bolsa, explotadores de bienes, actores y actrices, personas de los medios de comunicación (por citar una pocas categorías de Satanistas) -que están interesados en formalizar y perpetuar esta penetrante religión y forma de vida.

No es una religión fácil de adoptar en una sociedad regida tan largamente por la ética puritana. En esta religión no hay conceptos de falso altruismo o mandamientos de amar a tu prójimo. El Satanismo es una filosofía brutal e interesada. Está basada en la creencia de que los seres humanos son inherentemente egoístas, criaturas violentas, que la vida es una lucha darwiniana por la supervivencia de los mis aptos, que sólo tan fuertes sobreviven y que la Tierra será gobernada por aquellos que luchan por ganar la Incesante competición que existe en todas las junglas «incluyendo la de la sociedad urbanizada. Aborrece este brutal punto de vista si quieres; se basa, como ha sido durante siglos, en condiciones reates que existen en el mundo que habitamos más que en las tierras místicas de leche y miel descritas por la Biblia cristiana.

En la Biblia Satánica Antón LaVey ha explicado la filosofía del Satanismo más profundamente que cualquiera de sus antepasados del Reino delas Tinieblas, mientras describe con detalle los innovadores rituales y adornos que él ha desarrollado para crear una iglesia de realistas. Está claro desde la primera edición que muchas personas quieren leer este libro para aprender cómo comenzar grupos satánicos y ritualizar magia negra. La Biblia Satánica y Los Rituales Satánicos son los únicos libros que han demostrado, de una forma que es auténtica y verdadera acorde a las tradiciones pertinentes, cómo todo eso se puede llevar acabo. Ha habido muchos imitadores que nunca mencionan sus fuentes, y con buenas razones; porque una vez que las mezquindades y las frivolidades de los imitadores se comparan con la obra pionera de LaVey, ya no puede haber lugar para estos artistas embaucadores.
La evidencia está clara para cualquiera que este deseando verla: Antón LaVey ha limpiado la imagen de Satán y la Iglesia de Satán es la fuente principal del Satanismo contemporáneo. Este libro recoge el mensaje dado y continúa con el reto y la inspiración, tanto hoy como cuando fue escrito.

SAN FRANCISCO
25 de Diciembre de 1976 (XI Anno Satanás)

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