HÄXAN, La brujería según Benjamin Christensen.

El realizador y actor danés Benjamin Christensen sostiene en su película «Häxan: la brujería a través de los tiempos» (Häxan, 1922) que ocho millones de personas fueron acusadas de hechicería por la Inquisición y quemadas en la hoguera. Este film pasa por ser su obra más destacada y la producción más cara del cine silente escandinavo. En él Christensen combina el documental con la ficción para analizar el oscuro mundo de la superstición y vincularlo al desconocimiento de las enfermedades mentales. El grafismo con el que el director retrató el oscurantismo hizo que su obra fuese censurada en numerosos países.

Benjamin Christensen es considerado uno de los mejores directores directores del cine silente danés junto a Carl Theodor Dreyer Christensen (1879-1959) estudió Medicina, sin embargo fue cautivado por el teatro en 1901, convirtiéndose en un actor profesional en 1907. Cuatro años después debutó en la industria del cine como actor en la película «Scenens bǾrn» (íd, 1911), de Bjorn Bjornson. En 1914 dirigió su primer film, «Sealed orders: The mysterious X» (Det Hemmelighedsfulde X, 1914), considerado una de las mejores óperas primas de la historia del cine. Su debut fue seguido por «Justicia ciega. La noche de la venganza» (Haevnens nat, 1916), película tras la cual regresó al teatro.

Entre 1919 y 1921, Benjamin Christensen se embarcó en un exhaustivo estudio de la brujería con el objeto de realizar su próximo proyecto como director, «Häxan: la brujería a través de los tiempos». Tomó como punto de partida al tratado «Malleus Maleficarum», un libro escrito en 1486 por el clérigo católico alemán Heinrich Kramer. Este volumen se divide en tres partes en las que Kramer carga contra aquellos que niegan la existencia de la hechicería, analiza las formas que adopta la nigromancia y presta ayuda a los jueces de la Inquisición para que adopten la postura «más correcta» durante sus procesos. Asimismo, advierte de que los casos de brujería son más frecuentes entre las mujeres que entre los hombres. Durante la presentación de la película, acontecida el 18 de septiembre de 1922 en Suecia, el realizador aportó a los asistentes un programa que incluía una extensa bibliografía con todas las fuentes utilizadas durante el dilatado proceso de investigación.

La película fue financiada por la productora «Svensk Film», que aportó unos dos millones de coronas suecas, el mayor presupuesto de la historia del cine silente escandinavo. Christensen invirtió gran parte de este dinero en adaptar el estudio «Astra» de Hellerup (Dinamarca), lugar seleccionado para llevar a cabo el rodaje.

La filmación de «Häxan» dio comienzo en febrero de 1921 y concluyó en octubre de ese mismo año. Christensen se apoyó en el trabajo de Johan Ankerstjerne, reputado cinematógrafo danés conocido por aquella época gracias a sus colaboraciones con August Bloom y con el propio Christensen. La cuidada fotografía de «Häxan» basta para corroborar el talento del camarógrafo que optó por rodar casi todas las escenas de noche con el objeto de dotar a la película de una atmósfera oscura. Resulta curioso que el primer fotograma de «Häxan» sea un retrato del director, quien agradece a Ankerstjerne y a Richard Louw, director artístico, el trabajo realizado.

Es preciso destacar la labor de maquillaje, palpable en la elaborada caracterización de los demonios y el resto de seres monstruosos presentes en las escenas dramatizadas de «Häxan».

Christensen emplea con acierto recursos tales como la doble exposición, el reboninado o el timelapse, técnicas habituales en el cine fantástico y de terror de la época. La complejidad del montaje propició que el trabajo de postproducción se prolongase durante casi un año.

«Häxan» se articula en siete episodios. La película arranca con una presentación en la que Christensen ofrece un análisis sobre los orígenes de la brujería, el modo en qué era interpretada en las primeras civilizaciones y cómo estas concebían el mundo. Asimismo, advierte de cómo los espíritus malignos del mundo antiguo se convierten en demonios durante la Edad Media y explica el lugar que, según los teólogos de la época, ocupaban en la Tierra. El realizador se apoya en una serie de grabados e ilustraciones para describir los ritos y costumbres que se atribuían a las brujas. También emplea elaboradas maquetas con las que ilustra la concepción del Infierno y una primitiva explicación sobre la estructura del sistema solar.

El director recurre a la ficción para diseccionar las supersticiones y creencias de la Edad Media. A través de pequeños pasajes, muestra aquelarres, la elaboración de pócimas o cómo la población –empujada por el desconocimiento- era capaz de acusar de brujería a científicos u otras personas basándose en sus acciones o simplemente en sus desgracias personales. Christensen recrea todo el proceso judicial de una anciana acusada de brujería con escenas cargadas de dramatismo en las que describe con todo lujo de detalle las herramientas de tortura empleadas por la Inquisición o las malas artes empleadas por sus jueces.

Existe en «Häxan» un fin estrictamente pedagógico que se acentúa durante los últimos capítulos de la película. En ellos Christensen confronta a la sociedad del primer cuarto del siglo XX con la Edad Media. Establece paralelismos entre los síntomas de las enfermedades mentales y los criterios seguidos en el medievo para determinar que un individuo estaba hechizado. Para ello presenta a una joven sonámbula y cleptómana cuya estabilidad emocional se ha ido al traste tras perder a un hermano en la guerra.

El director danés critica con sutileza al sistema social en el que le ha tocado vivir. Afirma que, a pesar del cambio de mentalidad, aún persisten las supersticiones. Para ello, ofrece como prueba irrefutable un pequeño manual perteneciente a Maren Pedersen –la mujer que interpreta a la bruja Heksen– y en el que se describe cómo identificar a un demonio. Por otra parte, señala como los ancianos o enfermos mentales con pocos recursos, por suerte, ya no perecen la hoguera pero suelen «sufrir amargamente» finalizando sus días en sanatorios de mala muerte o manicomios mientras que los ricos gozan de exquisitos cuidados en «clínicas modernas». «Y entonces nos consolaremos pensando que la ducha templada de la clínica ha reemplazado los bárbaros métodos de los tiempos medievales», subraya.

La película destaca por su naturalismo. Esta característica se acentúa gracias a la inclusión en el elenco de intérpretes de actores no profesionales, como es el caso de Maren Pedersen, quién por aquel entonces era una anciana vendedora de flores de setenta y ocho años de edad. La escena de su tortura en manos de los verdugos de la Inquisiciócorroe las entrañas y los primeros planos de su rostro lacerado recuerdan, en cierto modo, a la sublime interpretación de María Falconetti en «La pasión de Juana de Arco» (La pasión de Jeanne d’Arc, 1928), de Dreyer.

El plantel de actores se completa con conocidas figuras del cine nórdico como el danés Elith Pio, que interpreta a un joven monje; Oscar Stribolt, que da vida al juez del tribunal inquisitorial; Tora Teje, la joven sonámbula; o el propio Christensen, que aparece caracterizado como el diablo y cómo Jesucristo.

La crítica sueca y danesa aclamó a la película. No obstante, la obra fue censurada en Estados Unidos y varios países debido a su contenido erótico así como a sus escenas de tortura y violencia.

En 1941 se publicó una re-edición en la que se prolonga la introducción de Christensen. En 1968, Estados Unidos levantó la veda al film y se realizó una versión de 77 minutos -frente  a los 104 de la copia original- acompañada por la música del batería de jazz Daniel Humair y del violinista Jean-Luc Ponty. Esta versión fue narrada por William S. Burroughs, autor maldito de la Generación Beat. En 2001 la película fue re-editada por la compañía Criterion, que ofrece la más cuidada de las ediciones publicadas hasta el momento.

LA PELICULA.

 

Fuente.

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