Magia, hechicería, posesión y mal de ojo en la cultura marroquí.

Magia y hechicería

La creencia en la posibilidad de una acción maléfica causada voluntariamente por otra persona da lugar a un sistema basado en la idea del maleficio (hechizo), sortilegios, mal de ojo y las conductas agresivas del sehhar (hechicero). Sihr, término invocado popularmente para designar la naturaleza y el origen de la acción maléfica, es empleado tanto en el sentido de un hechizo como de una acción mágica.
La hechicería es sinónimo de prácticas mágicas, medicamentos originados en plantas, escritos de los espíritus, etc. La magia, que puede dar lugar a conexiones sobrenaturales, es una ciencia que empleada con malas intenciones se transforma en hechicería.
La magia es ella misma un arte, una iniciación a grandes misterios, un conocimiento de fórmulas, en cierta manera es una ciencia. En cambio, la hechicería es una práctica teñida de ignorancia, de conocimientos secretos mal empleados y que se desarrolla en un ambiente social modesto y marginal.
El universo mágico está dominado por el fquih, personaje religioso, conocedor del Corán, un hombre con saber y habilidad en la aplicación de preceptos religiosos y que puede elaborar talismanes, interpretar sueños y hacer astrología. Una gran parte del poder del fquih está ligado a su posesión de la escritura, del verbo que él convierte en fórmulas y en escritos que él dispensa como talismanes.
En la hechicería debemos mencionar al chouwaf(fa) término que significa «el (o la) vidente». Este personaje ocupa principalmente el espacio que puede llamarse la región sexual, él puede curar y también provocar todas las acciones relacionadas con el terreno de la sexualidad (impotencia, esterilidad, etc.). El dominio de la hechicería es un privilegio de la mujer. Asumido por la sehhara (hechicera), y la chouwaffa (vidente), consiste en una manipulación constante de recetas, alteración de alimentos, encantamientos, etc. En general analfabetas, la escritura, la confección de amuletos, y el uso de textos del Corán les son inaccesibles.
No existen en el discurso etnopsiquiátrico tradicional síntomas precisos, físicos o mentales, que evoquen de una manera definida el dominio de la hechicería. El diagnóstico se establece menos a partir de los síntomas de la enfermedad que sobre la base de las relaciones entre el enfermo y su medio ambiente, después de las terapias iniciadas según las posibles causas del mal. Lo que es importante no es la forma que ha tomado la dolencia cuanto la causa o la naturaleza del mal y accesoriamente el agresor.

La posesión.

El modelo de la posesión es un modelo que prevalece en la sociedad marroquí. Las manifestaciones psicopatológicas que puede provocar suscitan una gran atención social y los genios (djinn en singular o jnouns en plural) se encuentran implicados en una gran variedad de formas de la locura. La noción de posesión comporta muchos significados en función del contexto en que sea utilizada. Los genios, por su naturaleza fuertemente malintencionada, constituyen en la representación cultural lo esencial de la etiología en materia de trastornos mentales, etiología que puede tomar diferentes formas según el modo de acción de los mismos. Tanto en la religión oficial como en la popular, están representados como un ser maléfico o como un ser benéfico. Las relaciones con los hombres son así buenas o malas según las circunstancias. La multitud de genios y de fuerza que componen la demonología musulmana constituyen un mundo en el que es difícil efectuar un ordenamiento. El Islam integra el djinn pre-islámico en su tradición y defiende la realidad de su existencia. En el uso que se le da en el Corán, que es muy diferente del que se tiene a nivel popular, el término djinn tiene varios significados definidos. El más común es el de fuerzas o seres espirituales que exceden la capacidad de percepción de nuestros sentidos: una connotación que incluye «demonios» o «fuerzas demoníacas», pero también «ángeles» y «fuerzas angélicas». El lugar y el rol que el djinn tiene en el pensamiento y la vida popular son de una gran importancia. Junto con el culto de los santos constituye la especificidad de lo que suele llamarse el Islam magrebí.
Aicha Kandicha es el más importante y el más conocido de los genios. Personaje femenino, es conocida en todos los niveles sociales. Se la describe como una criatura fascinante, seductora y de una terrorífica omnipotencia. La diferenciación de los genios por su nombre y su especificidad es muy común en algunas de las cofradías religiosas, en especial en los Gnaoua, cofradía de origen africano, que sostiene mantener una comunicación privilegiada con los genios.
Los genios (djinn/jnouns) son seres sobrenaturales que pueden entrar en el cuerpo de un hombre o mujer y alterar su funcionamiento psíquico. Popularmente se cree que su intención es la obtención de una compensación por la persona poseída: una ofrenda, un sacrificio, un altar. Reconocidos en el Corán ya que han sido creaciones de Dios, tienen un cuerpo y son mortales, pero su capacidad de desplazamiento es tan rápida que no pueden ser observados por los humanos. Junto a los ángeles (malatka) y los demonios (shoyátin) los genios forman una suerte de grupo de entidades no humanas, generalmente invisibles pero que pueden llegar a ser percibidos en ciertas condiciones particulares. En el nivel popular toda referencia a los genios se realiza con cuidado y temor. En Marruecos, el pensamiento abstracto que postula la existencia de un mundo de los genios situado en el «revés» (bajo tierra, en los estanques, los cursos de agua, las casas abandonadas, las ruinas, las canalizaciones subterráneas de las ciudades), se articula armoniosamente con la idea de que los genios son dobles de los humanos y poseen una organización social simétrica.
Cuando alguien enferma es la sintomatología física y psíquica, al mismo tiempo que las consideraciones de su entorno, la que va a sugerir, según el material cultural que le es accesible, la posibilidad de tal o cual causa relacionada directamente con la enfermedad: envenenamiento, mal de ojo. hechicería, posesión por un djinn, maleficio, etc. Para cada una de estas formas habrá un determinado tipo de tratamiento. La posesión permite al individuo comunicar, de una manera simbólica, una serie de experiencias subjetivas o de disposiciones psicológicas personales, al igual que esperar una respuesta adecuada al significado de su conducta. La posesión se transforma entonces en un idioma cultural. Lo importante se halla así en poder conocer y comprender a qué conflicto psicológico individual o interpersonal hace referencia dicho modelo cultural de funcionamiento social y comunicación.

En cuanto a la sintomatología somática podemos decir que las manifestaciones van desde quejas simples y frecuentes, que hacen referencia a un síndrome orgánico en vías de eclosión o a una enfermedad de síntomas poco precisos expresada con: fiebre, marcada sensación de fatiga, malestar corporal generalizado y torpeza; o en una enfermedad más localizada que puede presentar síntomas desde un malestar digestivo, dolores en la espalda o la cabeza hasta la parálisis de alguna parte del cuerpo, pasando por algunos síntomas más impresionantes como: cambios del tono de la voz, sensación de cuerpo extraño en diferentes partes del cuerpo y pérdidas de conciencia. En las crisis pueden llegar a verse manifestaciones sintomáticas de tipo epilépticas o todos los síntomas ya referidos de forma combinada.
Los síntomas psíquicos, por otra parte, pueden manifestarse como un trastorno de conducta. La repetición de una actitud o comportamiento fuera de la norma es susceptible de ser considerada como uno de los signos reveladores de la agresión de un djinn. Se habla de desdoblamiento de la personalidad. La persona poseída es presa de una compulsión a actuar y repetir, el paciente parece forzado a actuar de una manera u otra, a pronunciar palabras, agitarse, delirar, rechazar la comida, proferir insultos o palabras incoherentes y a repetir de una manera obsesiva ciertas conductas aún cuando se encuentre fuera de la crisis. Cuando el paciente habla no es él el dueño de sus palabras. Los genios le despojan de su voluntad. El término maskoun significa literalmente «habitado por los genios». En caso de presentar el sujeto una parálisis de una parte de su cuerpo causada por la posesión se utiliza la palabra madroub.
El síndrome de posesión puede tener también componentes de tipo depresivos. El vocablo makhtouf resume lo que en este estado se manifiesta con los signos de una reducción general de la capacidad en mantener las relaciones interpersonales. El mutismo, el aislamiento, la apatía, la tristeza, son problemas frecuentes con relación al sufrimiento debido a la acción maléfica de los genios (jnouns) que despojan a los pacientes de su capacidad para sentir y expresar emociones, de comunicación y de un comportamiento normal.

El mal de ojo

El mal de ojo se encuentra profundamente arraigado y difundido en la cultura marroquí. «La mitad de la humanidad debe su muerte al mal de ojo», dice un proverbio de marruecos. Se puede decir que se trata de una fuerza mágica donde el agente activo es la mirada. Las malas influencias que se derivan del mal de ojo no necesitan del concurso de la magia ni de ningún rito y no necesitan de intermediario alguno. Es la manifestación, o más exactamente, el vehículo de un sentimiento de admiración en un primer tiempo que se transforma luego en un sentimiento malintencionado de envidia y de celos. En principio cualquier persona puede realizar un mal de ojo. porque todas las personas pueden estar dotadas de sentimientos de admiración o envidia hacia las pertenencias de otros. Puedo poseer la capacidad de realizar el mal de ojo sin saberlo o puedo ser víctima del mal de ojo sin advertirlo. Sin embargo, el discurso popular tiende a definir una categoría de personas más sospechosas que otras: quienes aparecen con aspecto extraño desde el punto de vista físico y las mujeres ancianas cuya mirada es muy temida.
En la tradición árabe-musulmán el mal de ojo concentra un gran número de creencias que llevan a múltiples prácticas populares para protegerse del mismo. El mal de ojo enferma a los niños, rompe las parejas, provoca locura, arruina los negocios, hace perder las cosechas, debilita el ganado, etc. Los niños son el grupo más susceptible de ser afectado por la acción del mal de ojo. Así, las palabras (comentarios) y las miradas dirigidas a los niños son sometidas a restricciones por las madres. Son numerosas las medidas de protección: la mano de Fatima (pequeño amuleto en forma de mano que se cuelga en las cosas a proteger); talismanes; tatuajes; frases cortas que se repiten ante el peligro de sentir el mal de ojo, que proceden del Corán.

Fuente: Extracto de:El concepto de la enfermedad mental en inmigrantes marroquíes.

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