Brujería, oráculos y sueños en el pueblo zande.

Los azande (en singular, zande) son un pueblo del centro-norte de África. Viven en el norte de la República Democrática del Congo, en el sudoeste de Sudán del Sur y en el sureste de la República Centroafricana.

Los azande creen que algunas personas son brujos y pueden hacerles daño en virtud de una cualidad inherente. El brujo no celebra ritos, no pronuncia conjuros y no posee medicinas. El acto de brujería es un acto psíquico. También creen que los hechiceros pueden hacerles enfermar mediante la celebración de ritos mágicos con medicinas malas. Los azande distinguen claramente entre los brujos y los hechiceros. Contra ambos, utilizan a los adivinos, los oráculos y las medicinas.

Los azande creen que la brujería consiste en una sustancia de los cuerpos de los brujos, creencia que se encuentra en muchos pueblos de África central y occidental. Zandeland está en el límite noreste de su zona de distribución. Es difícil decir con qué órgano asocian los azande la brujería.

El zande sabe que está embrujado si el oráculo así se lo dice; pues aunque no haya ocurrido ya está presente. Los malos sueños son también tanto una percepción del proceso de embrujamiento como un pronóstico de la inminente desgracia.
No es fácil recoger los sueños de los azande y todavía es más difícil conseguir el contexto en que se experimentan. Parte de la información que se presenta en esta sección fue conseguida consultando a muchos azande en distintas ocasiones sobre la clase de sueños que tiene la gente y su significado. Los azande distinguen entre los sueños de brujería y los sueños de oráculos aun cuando se superponen y un incidente que ocurra en el futuro pueda cambiar la interpretación zande de un sueño, de tal forma que un supuesto tipo de sueño puede transformarse en sueño de otro tipo. La distinción aproximada es ésta: un mal sueño, es decir, una pesadilla, es habitualmente un sueño de brujería y un sueño agradable es habitualmente un sueño oracular. Sin embargo, todos son en cierto sentido oraculares, porque en el mal sueño el individuo es embrujado y es probable que de ahí se siga alguna desgracia. Además, los azande asocian la brujería con los sueños oraculares que profetizan una desgracia, siendo el sueño y la desgracia resultados sucesivos de la brujería. El sueño es una sombra que lanza la brujería antes del acontecimiento que está a punto de provocar; en un cierto sentido que ya ha provocado, aunque quien lo sueña no sepa en ese momento de qué se trata.

Los malos sueños no sólo son una prueba de la brujería, sino que constituyen verdaderas experiencias de ella. En la vida consciente el individuo sólo sabe que ha sido embrujado cuando experimenta la subsiguiente desgracia o por revelación de los oráculos, pero en los sueños ve verdaderamente a los brujos e incluso puede conversar con ellos. No se trata de que una persona sueñe que es perseguida por una bestia salvaje con cabeza humana, por ejemplo, e interprete el sueño en términos de brujería. Tan pronto como un mal sueño se recuerda conscientemente se colorea con las creencias en la brujería. Un sueño no es un símbolo de la brujería, sino una verdadera experiencia de ella. No podemos decir que los azande vean brujería en el sueño, sino más bien que sueñan con la brujería. Por tanto, el individuo no piensa que ha sido atacado por brujos durante el sueño; está seguro del asunto, puesto que lo ha percibido, y lo único que le preocupa es quién le ha embrujado.
Estaría más de acuerdo con el pensamiento azande decir que estas experiencias las tiene el alma del durmiente. Pues los azande perciben que las sensaciones de los sucesos soñados no son como las sensaciones que se experimentan en la vida consciente, y se dan cuenta de que en alguna medida son incoherentes y, por tanto, difíciles de interpretar. No se sienten seguros cuando hablan de sueños, pues reconocen que el hombre nunca puede estar seguro de las aventuras del alma.
Sin embargo, están convencidos de que en el sueño el alma se libera del cuerpo y puede vagabundear y encontrarse con otros espíritus y tener aventuras, aunque admiten que estas experiencias tienen algo de misterioso. De la misma manera, no dudan de que el brujo dormido puede enviar el alma de su brujería a comerse al alma de la carne de sus víctimas. Las horas de sueño, pues, son el marco apropiado para la batalla psíquica que la brujería significa para los azande, una lucha entre su propia alma y el alma de la brujería cuando ambas están libres para vagabundear a su gusto mientras víctima y brujo duermen.
Durante el sueño, el alma del hombre vaga por cualquier parte y el individuo se enfadará mucho si es despertado de repente mientras su alma sigue muy lejos. El hombre debe ser despertado suavemente, de forma que su alma lo advierta y tenga tiempo de volver al cuerpo. Los azande también creen que la noche antes de que una persona emprenda un viaje su alma irá por delante de él para ver qué va a suceder en el viaje y advertirle de cualquier desgracia que le amenace. Dicen:

«Su alma ya ha ido por delante y llega al sitio y luego el hombre parte tras de ella.»

Si hay algún peligro en el camino, el alma no llegará a su destino, sino que regresará a casa. Al día siguiente, el individuo parte para su viaje, pero es advertido del peligro por algún augurio, como el hecho de tropezar con el pie izquierdo contra un tocón (tropezar con el pie derecho es un buen augurio), o ver una perdiz o una gallina de Guinea elevándose cerca de su camino y dando sus respectivos gritos karu karu karu karu o ke ke ke ke (si el pájaro se eleva sin gritar es un buen augurio), o ver una tortuga o un camaleón al lado de su camino. Si un individuo es advertido de esta forma, inmediatamente volverá a casa y se dirá:

«Ay, mi alma no ha ido hasta allí, pues si mi alma hubiera llegado yo también habría llegado.»

El siguiente texto describe bien las creencias azande sobre los malos sueños y muestra que ellos no los consideran fantasías, sino experiencias reales, aunque distintas de las experiencias diurnas.

La gente dice que es por la noche cuando la brujería emprende su trabajo. En esos sueños que tienen las personas en que son atravesados por una lanza o perseguidos, los azande creen que es la brujería que ha venido a dañarlos durante la noche. Pues todos los azande creen que la brujería misma está presente en esas ocasiones, porque cuando el oráculo del tablero frotado es consultado sobre el nombre de un brujo que se pega (responde «Sí»). Afirman que el brujo conocido por todo el mundo como tal puede ver la brujería cuando va a atacar a un individuo por la noche. El hombre envía su brujería por la noche a buscar a uno y a atacarlo en su caserío. Después de esto comienza a molestar a uno en un sueño. En otras ocasiones, la brujería deviene mientras se está completamente dormido, de tal manera que uno no se da cuenta de nada. En primer lugar, lo daña y luego, al romper el día, la enfermedad cae de repente sobre uno. Si se encuentra con la brujería de otro brujo, entonces luchan, y si es muy fuerte expulsará a la otra.

El brujo puede atacar a una persona de cualquier forma, teniendo en realidad la forma poca importancia, puesto que todos los malos sueños son igualmente ataques de la brujería. De ahí que el individuo pueda soñar que está cayendo desde una gran altura, o que está siendo apuñalado, o que está siendo perseguido por serpientes, etc., pero todos estos sueños equivalen unos a otros, pues todos son igualmente tentativas de los brujos de devorar el alma del cuerpo de quien los sueña.

Los malos sueños más comunes son: ser perseguido por leones, leopardos o elefantes, ser atacado por hombres con cabeza de animal, ser cogido por los enemigos y no poder pedir ayuda, caer desde una gran altura sin nunca llegar al suelo. Un hombre me dijo que caía desde un gran árbol al suelo, donde veía un caserío ocupado por personas extrañas de caras blancas como los europeos. Sabía que era un sueño de mal agüero, pero no podía decir qué desgracia presagiaba. A veces el individuo es atacado por serpientes. Escapa de una para encontrarse con otra delante, y ellas se retuercen alrededor de sus piernas y brazos. En los sueños, los individuos también ven animales extraños, como el wangu, la serpiente del arco iris, y el moma ime, el leopardo de agua. Por regla general, despiertan de todos estos sueños con un repentino terror. Una vez Kisanga fue visitado en un sueño por una serpiente de arco iris. Entró en su caserío, lo cual es muy mal augurio. Le dijo que moriría. Él intentó gritar, como suele hacer la gente en las pesadillas, pero no pudo pronunciar ni una palabra. No sabía el exacto significado del sueño, pero lo suponía relacionado con la brujería.

Otros malos sueños normales entre los azande son:

Un hombre sueña que le atacan otros mientras anda por un camino. Empuñando el cuchillo, corre todo lo que puede a lo largo de una enorme distancia sin fatigarse. Un individuo sueña que cae o se encuentra en un arroyo que ha tenido una gran crecida. Nada por él, se agarra a las copas de los árboles, pero inmediatamente pierde su sujeción. Nada de nuevo y finalmente llega a una isla en la que encuentra una casa y sabe que está a salvo. Un hombre sueña que cae en una trampa de caza y mira desde el fondo al techado de paja de la trampa. Se dice que si una persona suele tener este sueño morirá. Un individuo sueña que llueve continuamente durante varios días y el agua comienza a entrar en su choza y se despierta aterrorizado. Un hombre sueña que entra en una caverna oscura en el nacimiento de un arroyo y el lugar palpita li li li li li li li li como el fuego. Se despierta asustado.

Reuben soñó lo que sigue:

Fui molestado por un sueño con un leopardo. Ahora bien, el leopardo se me acercaba mucho, pero no podía cogerme del todo. Tenia las piernas reventadas de cansancio y no podfa correr y escapar de él. Me arrastré de rodillas. Algunas veces sueño que vuelo como un pájaro. Pienso que voy a caerme, sólo que no me caigo. Sueño muchas cosas, pero cuando despierto del sueño no veo esas cosas. Otro sueño consistió en hombres que se apuñalaban unos a otros con lanzas y cuchillos. Se convirtió en una cosa horrible y me desperté a la mitad. En el pasado soñaba que mi padre me perseguía con una lanza para clavármela. Huía a esconderme, pero él veía donde estaba escondido y volvía a abalanzarse sobre mí. Se convertía en algo horrible y me despertaba. He tenido otros muchos sueños como éstos.

Reuben escribió a su dictado los sueños tenidos por Kisanga y Kuagbiaru:

Kisanga sueña que se encuentra con muchos hombres en el camino. Ellos se levantan y le atacan, él, por su parte, se levanta y los atraviesa a todos con la lanza y los espanta. Sobrevive a esto.
En otro sueño que tiene, va por un camino cuando una enredadera le coge el pie. Cae y lucha en vano, porque la enredadera no se rompe. Mientras está luchando, aparecen hombres armados que se le aproximan cada vez más, cuando de repente la enredadera se rompe y puede escapar casi de las manos de sus perseguidores. Huye y sobrevive a esto.

Este es otro sueño desagradable de Kisanga. Estaba sentado en su cama cuando la lluvia comenzó a caer fuerte por la tarde. Llovió copiosamente durante mucho rato y luego cesó por completo. Las dos mujeres que residían en su caserío fueron a una fiesta y Kisanga quedó sólo en compañía de otra muchacha. Hicieron un buen fuego en sus chozas y prepararon sus camas. Echáronse a ambos lados del fuego. Estaban en el primer sueño cuando algo le ocurrió a Kisanga. Tuvo un sueño en el que calan muchas piedras sobre su cabeza como gotas de lluvia, y el cuerpo le dolía como si le pincharan espinas. Abrió los ojos dormido, pero no pudo levantarse del lecho. Las piedras calan sobre todo su cuerpo y sobre sus ojos. Se levantó del lecho y trepó a las ramas más altas de un árbol. Miró hacia abajo y la visión fue horrible. Comenzó a perder su sujeción al árbol y cayó en un profundo charco, las entrañas se le sallan del cuerpo y las llevaba en las manos. Esto se convirtió en algo horrible y despertó temblando de terror. Este es el mal sueño que tuvo Kisanga.
Kuagbiaru tuvo un sueño en el que vela agua creciendo hasta producir una inundación que alcanzaba la cima de los árboles anzari.

Comenzó a avanzar por un trecho por dónde el agua le llegaba hasta las rodillas, mas, pronto le llegaba al cuello; volvía entonces a buscar un lugar por el que poder cruzar, pero por más que se esforzaba no lograba encontrar tal sitio. Cuando esto se tornaba horrible despertó del sueño.
Otro sueño que tuvo Kuagbiaru versó sobre un grupo de hombres preparados para la guerra que se situaban en círculo alrededor de su choza. Uno de ellos entró, le cogió por el brazo, le arrastró a sus pies y le empujó fuera. Le puso ante él, diciendo; «¡Vamos!> Otro hombre le interrumpió y dijo a Kuagbiaru: «¡Tú! ¿Dónde vas? Nosotros no vamos por tu camino.» Kuagbiaru volvió a su casa mientras estos hombres siguieron su camino. Cuando rompió el día, la gente comentó: «Allí hay un hombre muerto», pues los brujos son las personas que persiguen de noche a los hombres para matarlos.
El sueño de ser burlado por la corriente de agua era un mal sueño y pronosticaba brujería. El sueño sobre ser cogido implica que los brujos fueron a la choza de Kuagbiaru por error, y habiendo comprendido su error, le dejaron en pax para perseguir a su víctima.

Kamanga tuvo una experiencia de brujería de la forma que aquí se relata:

En el sueño que he tenido salí con mi señor (el autor) y luego de andar un largo trecho llegamos a un gran caserío por mí desconocido. La choza parecía la casa del District Commissioner y tenia un umbral de peldaños. Cuando nos acercamos, la gente dijo: «El león está furioso.» Nos explicaron que se trataba de un león domesticado que convivía con ellos.

Lo rastrearon, lo cogieron y lo trajeron hasta el caserío. Miró a su alrededor entre la multitud de personas, fijó su mirada en mi y se me abalanzó. Comencé a correr pero me perseguí? con furia. Aunque en un principio estaba con usted, no pude localizarlo, seguí corriendo por el borde del camino, mas el león me dio alcance y se lanzó a mí haciéndome mucho daño. Pude escapar hacia un gran bosque por donde corrí desesperado hasta hallar una corriente muy ancha en cuyo centro me puse. La bestia desapareció. Di la vuelta y volví por mis pasos. Cuando llegué al caserío le vi a usted descendiendo los escalones de la choza. Le dije: «El león casi me mata, el león casi me mata.» Al mismo tiempo que giraba la pierna para enseñarle la herida que me había hecho, me desperté de este sueño.


Este sueño era una manifestación de la brujería, como lo son todos los sueños en que aparecen animales carniceros.
Otros sueños de brujería de los que he tenido noticia son aquellos en que el individuo es atacado por una fiera o cae en un agujero (este sueño presagia la muerte). Una mañana Mekana me dijo que la noche anterior había soñado que veía a su madre muñéndose. Lo consideraba un sueño muy malo.
Por regla general, en estos sueños el individuo no puede ver la cara de su agresor, y con frecuencia no hay pruebas circunstanciales que le permitan establecer fuera de toda duda la responsabilidad “e ninguna persona concreta. Puede caer enfermo al despertarse, pero incluso si se encuentra bien es aconsejable consultar a los oráculos para preguntar por el significado del sueño, de tal forma que pueda conocerse por adelantado lo que presagia y evitarse a tiempo. Los azande no siempre, ni siquiera habitualmente, consultan a los oráculos sobre el significado de un mal sueño. En la mayor parte de los casos, meditan algún tiempo sobre su contenido y luego lo olvidan por completo a menos que ocurra algo adverso directamente relacionado con el sueño. Más de una vez he oído a un azande explicar, refiriéndose a alguna desgracia:

«¡Ah! por eso tuve un mal sueño la otra noche. ¡Verdaderamente los sueños profetizan el futuro!»

A veces, quien tiene un mal sueño va a la mañana siguiente a un hermano de sangre o a un pariente o a un amigo y le pide que consulte el oráculo del tablero frotado para determinar si la brujería le ha hecho algún daño y quién se la envió por la noche. Cuando ha descubierto el nombre del brujo, actúa de la forma habitual, consultando primero al oráculo del veneno, para su confirmación, y luego pidiendo al delegado del jefe que notifique al brujo que ha sido descubierto. Los hombres consultan a los oráculos sobre los sueños si se repiten. Los príncipes los consultan si son visitados en sueños por sus padres y abuelos.
No obstante, a veces el individuo reconoce realmente la cara del brujo en el sueño. Kisanga fue atacado por dos brujos, Basingbatara y su hijo, mientras dormía. Se montaron en el tejado de su choza y miraban hacia dentro por un agujero del tejado mientras él yacía en el suelo. No había ningún agujero real en el tejado, sólo en el tejado del sueño. Los dos hombres tenían todos los caracteres de mandriles con cara de perro excepto el rostro, que era humano. Kisanga dijo que el aspecto de Basingbatara cambiaba, ya la cabeza y el vientre eran la cabeza y el vientre de Basingbatara, ya eran la cabeza y el vientre de un mandril. Al cabo de cierto tiempo, Basingbatara dijo a su hijo: «Golpéale», y el joven le golpeo encima de la cabeza con su lanza. En este momento Kisanga se despertó y los vio bajar corriendo del tejado e irse hacia su casa. Kisanga declaraba que había estado muy enfermo durante algunas semanas después de esta experiencia. Además, podía explicar los motivos que dieron lugar al ataque. Él y Basingbatara estaban abiertamente en buenas relaciones, aunque no simpatizaban. El joven que había golpeado a Kisanga con la lanza estaba comprometido con su hija, pero no hubo amor perdido entre las dos familias, y algún tiempo después de este sueño Kisanga los acusaba ante la corte del jefe porque el hermano del joven había hecho proposiciones a su esposa. Era algo más que adulterio, puesto que la mujer se consideraba su madre política.

A veces el hombre que no ha visto la cara del brujo durante el sueño supone que es un determinado individuo por los acontecimientos anteriores. Kamanga me dijo que había tenido un sueño hacía mucho tiempo en el que. mientras estaba echado en su cama, se le acercaba una criatura humana desde los hombros hasta los pies, pero con cabeza de elefante, colmillos y trompa en lugar de cabeza humana. Kamanga se asustó mucho y simuló dormir mientras observaba entre las pestañas lo que hacía la criatura. El brujo movió su cabeza de elefante como si lo buscara y, luego, al cabo de un rato salió de la choza. Inmediatamente Kamanga saltó de su cama y corrió rápidamente fuera de la choza, moviendo sus brazos como un pájaro, voló por el aire hasta un árbol cercano, al cual se abrazó con sus brazos y piernas. El brujo lo vio pasar volando pero no pudo localizar dónde se había escondido. Kamanga me dijo sin dudarlo quién era el brujo que había venido a atacarlo. Cuando le pregunté cómo reconoció al hombre, respondió que lo reconoció por su cuerpo y que este individuo, que con toda seguridad era brujo, buscaba vengarse de él debido a una disputa matrimonial en la que Kamanga había actuado en contra de sus intereses. Cuando Kamanga era un muchacho, su madre había muerto dejando una hermana pequeña que andaba pero todavía necesitaba el pecho. La hermana del padre quería adoptar a la niña y darle el pecho. Cuando volvía a su casa con la niña se encontró con el hombre que había atacado a Kamanga en el sueño. Durante mucho tiempo había querido casarse con ella y aprovechó esta oportunidad para hacer presión. Al ser rechazado, cogió a la pequeña y echó a correr con ella hacia su caserío. En aquel tiempo Kamanga servía de paje en la corte del principe Ngere y se quejó a éste de la conducta del hombre. Ngere dijo a Kamanga que fuera con sus hermanos mayores a recobrar la niña. Fue junto con cuatro de ellos y, encontrándose con el hombre en cuestión y sus dos hijos por el camino, sus hermanos le dieron una paliza mientras Kamanga cogió a la niña y salió corriendo con ella. Dado que había informado al príncipe del asunto, el individuo le tenía ojeriza y le atacó mientras dormía. Kamanga añadía que el hombre era bien conocido como brujo en su vecindad porque los huertos de sus vecinos no prosperaban. Kamanga no sabía con seguridad lo que hubiera ocurrido exactamente de haberle cogido el elefante, pero intuía que hubiera estado muy enfermo.
Es interesante comparar la versión de Kamanga de su propio sueño con una segunda versión que me dio algunos meses después y de la que tomé nota con sus propias palabras:

Dormía profundamente y me vinieron los sueños y tuve un sueño. Vino un hombre con apariencia de elefante y comenzó a atacarme. Este elefante se quedó fuera de mi choza y metió la trompa por el tejado y me arrastró fuera.
La parte inferior de su cuerpo era humana y su cabeza era de elefante. Tenía el pelo como de hierba, de tal forma que su cabeza parecía la de un anciano. Me levanté rápido desde donde me habla arrojado y comencé a correr y a correr. Me persiguió, pero me subí a un árbol. Continuó persiguiéndome y restregó la cabeza contra el árbol y quedé colgado justo encima de su espalda. Daba vueltas alrededor buscándome y lanzaba su trompa aquí y allá, mientras yo estaba montado en el árbol. Me buscó en vano, se alejó del árbol, se detuvo a cierta distancia y miró alrededor buscándome. Permanecí durante largo tiempo donde estaba y luego descendí de un salto, del árbol. Como estaba mirando alrededor me vio y cargó furiosamente contra mí, tratando otra vez de matarme. Acababa de iniciar su carrera cuando me desperté del sueño.

Otro sueño del mismo joven ilustra de nuevo cómo los acontecimientos precedentes o subsiguientes al sueño se relacionan con sus imágenes, y también la manera en que se interpretan los sueños mediante la selección de acontecimientos y personas según las inclinaciones afectivas de quien los sueña. La tarde precedente al sueño había sugerido yo a los miembros de mi casa que podían echar una mano en la construcción de la choza de Kamanga. Esta sugerencia no encontró su aprobación, pues más tarde supo que se habían burlado de él en la choza de la cocina y, me dijo Kamanga, que así disfrutaron como si lo hubieran golpeado. A la mañana siguiente Ka-manga me contó que le dolía el costado izquierdo. Dijo que, en medio de la noche, las almas de sus compañeros le habían atacado y golpeado en el costado izquierdo con los puños, llevando así a cabo lo que habían temido hacer durante el día. Cuando le pregunté más cosas, dijo que no les vio las caras, pero que sabía que tenían que ser sus compañeros de servicio. Añadió que, aunque el cuerpo del hombre pueda estar dormido, su alma está despierta.
Es difícil saber si es el alma del brujo la que embruja a un individuo por la noche o si este alma es distinta del alma de la brujería que realiza la proeza con independencia. Creo que los azande no tienen las creencias claras en este punto.
No es raro soñar con animales compuestos (kodikodi anya) como el cuerpo humano con cabeza de elefante que vio Kisanga y el hombre con cabeza de mandril y cara de perro visto por Kisanga. Me dijeron que en sueños se ven las siguientes criaturas: una criatura con cara de hombre, cabeza, pico, cuerpo de pájaro, y cola de serpiente; una criatura con cara de hombre, colmillos, orejas de elefante, cuerpo de perro y piernas de anciano; y una criatura con cara de hombre, cuerpo de golondrina y alas de murciélago. La esposa de Kisanga fue atacada por un individuo llamado Boli, con cara humana y cuerpo de leopardo. Este hombre le había hecho insinuaciones que ella rechazó. Más tarde, tuvo un abeeso profundo en el sitio donde el hombre leopardo la mordió en el sueño.

Es muy normal que el brujo adopte atributos de elefante, búfalo o gamo de agua, y la persona que ha tomado medicinas corporales contra la brujería suele ver al brujo con apariencia humana antes de transformarse en animal. Me dijeron que no sólo los brujos aparecen en los sueños con formas de animales, sino que también puede verse a un amigo transformado de esta manera, y más tarde se le dice:

«Te vi en sueños anoche y tenías cabeza de búfalo. Algún brujo ha hecho que te viera de esta manera»

A lo que el amigo replica:

«¿De verdad? Ay, mala cosa si era un brujo.»

En este caso la noción de brujería es excluida por los sentimientos de amistad, pues si el hombre con cabeza de búfalo no hubiera sido amigo, quien soñaba indudablemente lo hubiera calificado de brujo.

Los azande tratan de protegerse de los malos sueños. Nuevamente aauí» debemos recalcar que no toman precauciones contra las pesadillas tal como nosotros las concebimos, sino contra los brujos que pueden atacarles mientras duermen. Para espantar a los brujos pueden tocarse ciertos silbatos mágicos. Ademas, todo el mundo tiene medicinas corporales (ngua kpoto) de una u otra clase. Poco después del nacimiento, el padre del niño mastica medicinas y las escupe sobre el cuerpo del hijo, y más tarde, cuando crece, el propio hijo puede frotarse con medicinas o ponérselas en incisiones hechas en la piel. Se cree que estas medicinas corporales proporcionan una protección general contra la brujería y son especialmente valiosas para proporcionar inmunidad a las personas mientras duermen. Todavía más eficaces son quizás los silbatos mágicos. El brujo viene al caserío a comerse el alma del cuerpo, pero por el camino huele la medicina, como el perro huela las cosas, tropieza con el pie contra un tocón a consecuencia del silbato y regresa a su casa.

Un hombre tiene un sueño, es decir, un hombre que ha tomado medicinas corporales, sueña que un hombre se le acerca con fines de brujería, viene a embrujarlo, pero no puede ver sus rasgos. Le ha embrujado, eso le disturba mucho; se despierta del sueño, toma su lanza y se dirige a ella, diciendo: «A ese hombre que ha venido aquí —que ha cruzado ese umbral—, voy a golpearle con la lanza, por ello su alma no estará sana hoy; que el mal le persiga y también que muera, puesto que me ha embrujado.» Luego golpea el umbral con su lanza. Deja la lanza clavada al umbral y se echa de nuevo a dormir. Duerme hasta que rompe el día, y relata su sueño a los amigos, diciendo: «Hoy he tenido un sueño en el que un hombre me embrujaba de verdad; desperté del sueño, cogí mi lanza y golpeé con ella el umbral. El hombre que vino a embrujarme, dondequiera que esté hoy, no tiene el cuerpo sano, porque le he golpeado el alma con mi lanza, quiero decir que he golpeado el umbral, porque por allí es por donde entra la brujería.» Por tanto, los azande dicen que si se tiene un mal sueño, se coge la lanza, se le recita un conjuro y se golpea con ella el umbral. De ahí que el individuo que viene a embrujarle no pueda estar bien al día siguiente.

Un hombre me dijo: «La gente recita un conjuro sobre las huellas de este hombre, para que no pueda estar bien, porque una lanza es algo peligroso.»

Parece ser que los azande no tienen sueños diurnos sobre la brujería. He consultado a muchos de mis amigos azande y he descubierto que suelen imaginar escenas en las que desempeñan el papel principal, exactamente igual que nosotros. Me dijeron que tienen sueños diurnos especialmente sobre la muerte, la venganza y las relaciones con mujeres, aunque los hombres también se acuerdan de incidentes pasados y los reviven con la imaginación. Los azande distinguen entre las simples premoniciones o anticipaciones y las imágenes de los sueños diurnos, como demuestra el texto que se presenta a continuación. Para ellos, los sueños no tienen igual signficado que los verdaderos sueños. El sueño diurno es un producto de la imaginación y se sabe que sólo tiene carácter subjetivo.

El sueño diurno no es como el nocturno. Por ejemplo si a un hombre le ha ocurrido algo, quizás ha matado a otro, el horror se apodera de él y huye a la maleza para esconderse. Imagina que unos hombres vienen a cogerlo. Se levanta de un sallo ante tal pensamiento y coge la lanza con la mano. Pero no ve a nadie. Lo que despierta temor es pensar en el grave daño que se ha hecho a un amigo. Pero con el sueño diurno es distinto. Un individuo se sienta a pensar sobre las muchas cosas que le preocupan, las ve como en sueños. El hombre imagina que otro le persigue para clavarle su lanza, entonces despierta y no ve a nadie. Ha sido el resultado de sus múltiples preocupaciones.

Los sueños que he contado, sobre todo a través de los textos, nos muestran desde un ángulo distinto cómo la noción de brujería está en función de las desgracias y las enemistades. Cuando ocurre una desgracia que puede relacionarse con un sueño anterior, ambas cosas son igualmente pruebas de la brujería. El sueño es una verdadera experiencia de la brujería como lo demuestra la desgracia que lo sigue. Por tanto, se sabe que un sueño de brujería es un presagio del desastre. El hombre ya está embrujado, ya está condenado a alguna desgracia. Un mal sueño equivale a la declaración desfavorable del oráculo. En ambos casos, en ese momento el hombre está bien y contento, pero tiene la premonición del desastre. De hecho, el sueño y la indicación del oráculo son algo más que presagios de la desgracia, pues son una señal de que la desgracia ya ha ocurrido, como si dijéramos, en el futuro. Es necesario, pues, proceder como si la desgracia fuera a ocurrir inevitablemente en el futuro y apartarla de la cabeza de la víctima, dirigiéndose a su autor de la manera que ya hemos descrito.
También hemos visto cómo los azande buscan interpretar las experiencias de los sueños de la misma manera que interpretan otras desgracias, atribuyéndolas a las maquinaciones de sus enemigos. Realmente estos enemigos se pueden percibir en el sueño; o bien puede saberse que las personas que han aparecido en ellos son los detractores de uno, aunque no se les haya reconocido las caras, porque los acontecimientos anteriores señalan claramente a estas personas; o bien puede haber dudas sobre su identidad y se plantean los nombres de los enemigos ante el oráculo para descubrir cuál de ellos es el culpable.

Fuente: BRUJERIA, MAGIA Y ORACULOS ENTRE LOS AZANDE –E. E. EVANS PRITCHARD

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