Chamanismo y psicopatología

Esta exposición trata sobre las relaciones entre el chamanismo ártico y siberiano y las enfermedades nerviosas, especialmente las diferentes formas de la histeria ártica. Desde Krivoshapkin (1861, 1865), Bogoraz (1910), Vitashevskij (1911) y Czaplicka (1914), no se ha cesado de evidenciar la fenomenología psicopatológica del chamanismo siberiano. El último partidario de la explicación del chamanismo por la histeria ártica —A. Ohlmarks— se vio incluso obligado a distinguir entre un chamanismo ártico y un chamanismo subártico, de acuerdo con el grado de neuropatía de sus representantes. Este autor supone que el chamanismo fue originariamente un fenómeno exclusivamente ártico, debido en primer término a la influencia del medio cósmico sobre la labilidad nerviosa de los habitantes de las regiones polares. El frío excesivo, las largas noches, la soledad desértica, la falta de vitaminas, etc., influyen, según dicho autor, en la constitución nerviosa de los pueblos árticos, provocando, bien enfermedades mentales (la histeria ártica, el meryak, el mencrik, etc.), bien el trance chamánico. Según esta teoría la única diferencia que distingue a un chamán de un epiléptico, es que este último no puede llegar al trance por su propia voluntad. El éxtasis chamánico es, en la zona ártica, un fenómeno espontáneo y orgánico, y solamente refiriéndose a dicha zona se puede hablar del “gran chamanismo”, esto es, de la ceremonia que acaba en un trance cataléptico real, durante el que el alma se supone que abandona el cuerpo y viaja hacia los cielos o los infiernos subterráneos.

En las regiones subárticas, como el chamán no es victima de la opresión cósmica, no llega a conseguir espontáneamente un trance real, y se ve obligado a provocar un seudo-trance con la ayuda de narcóticos o de simular dramáticamente el “viaje” del alma.
La tesis de la identificación del chamanismo con una enfermedad mental ha sido también sustentada a propósito de otras formas de chamanismo ajenas al chamanismo ártico. Afirmaba G. A. Wilken, hace ya más de sesenta años, que originariamente el chamanismo indonesio no fue otra cosa que una enfermedad rea) y que sólo muchos años después comenzó a imitarse dramáticamente el (ranee genuino.” Y no se han dejado de señalar las sorprendentes relaciones que parecen existir entre el desequilibrio mental y las diferentes formas de chamanismo sur-asiático y oceánico. Según Loeb, el chamán de Niuc rs epiléptico o extraordinariamente nervioso, y procede de ciertas familias en las que la inestabilidad nerviosa es hereditaria.” Basándose en las descripciones de M. C. daplicka, J. Layard ha creído poder descubrir un estrecho parecido entre el chamán siberiano y el bwili de Malc-kula. También son igualmente neurópatas el síkerei de Mentawei y el bomor de Kelantán.” En Samoa los epilépticos se convierten en adivinos. Los Batak de Sumatra y otros pueblos indonesios escogen con preferencia para desempeñar el oficio de magos a personas enfermizas o endebles. Entre los Subanum de Mindanao el mago perfecto es generalmente un neurasténico o, por lo menos, un excéntrico. Lo mismo acontece en otras partes: entre los Sema Maga, el hombre-médico parece a veces un epiléptico; en el archipiélago Andamán a los afectados por la epilepsia se les considera como grandes magos; entre los Loiuko de Uganda los inválidos y los neurópatas son candidatos, por lo común, a Is magia {pero tienen que someterse, sin embargo, a una larga iniciación antes de ser calificados en su profesión).

Araucanos (Chile)

Araucanos (Chile)

Según el R. P. House, entre los Araucanos de Chile los que se quieren dedicar al chamanismo “son siempre individuos enfermizos, o sensitivos de corazón débil, estómago delicadísimo y propensos a padecer desvanecimientos. Suponen que para ellos es irresistible el llamamiento de la divinidad y que una muerte prematura castigarla inevitablemente su infidelidad o su resistencia”. A veces, como entre los Jívaros, el futuro chamán es solamente un ser reservado y taciturno, o, como entre los Selk’nam y los Yámana de la Tierra del Fuego, seres predispuestos a la meditación y al ascetismo. Paul Radín evidencia la estructura epileptoide o histeroide de la mayoría de los hombres-medico que cita en apoyo de su tesis acerca del origen psicopatológico de los hechiceros y los sacerdotes. Y añade, coincidiendo con Willten. Layard y Ohlmarks: “Lo que en un principio se debía a unas necesidades psíquicas se convirtió en una fórmula prescrita y mecánica para uso de todos los que deseaban trasminarse en sacerdotes o establecer un punió de contacto con lo sobrenatural.” M. Ohlmarks (op. cit., p. 15) afirma que en ninguna parte del mundo las enfermedades psicomentales son tan intensas y están tan extendidas como en las zonas árticas, y cita lo siguiente del etnólogo ruso Dim. Zelenin: “En el Norte estas psicosis habían cundido mucho más que en otras partes.” Pero se han hecho observaciones análogas sobre otros muchos pueblos primitivos, y no se nos alcanza cómo tales observaciones pueden facilitarnos la comprensión de un fenómeno religioso.
Considerado en la perspectiva del homo religiosus —que es la única que nos interesa en el presente trabajo— el enfermo mental aparece como un símbolo frustrado, o mejor aún, como un místico simiesco. Su experiencia está desprovista de contenido religioso. incluso cuando se asemeja aparentemente a una experiencia religiosa, del mismo modo que un acto de auioerotisrno consigue el mismo resultado fisiológico que un acto sexual propiamente dicho (la eyaculación), siendo únicamente una imitación simiesca de semejante acto, ya que le falta la presencia concreta de la “pareja”. Puede suceder, por otra parte, que la identificación de un individuo neurótico con un individuo “poseído” por los espíritus, identificación que se considera como muy frecuente en el mundo arcaico, no sea en muchos casos sino el resultado de observaciones imperfectas realizadas por los primeros etnólogos. En las tribus sudanesas, estudiadas recientemente por Nadel, está bastante extendida la epilepsia; pero ni ésta, ni ninguna otra enfermedad mental, es considerada por los indígenas como una verdadera posesión”. Sea como fuere, la conclusión es obvia: el supuesto origen ártico del chamanismo no procede necesariamente de la labilidad nerviosa de los pueblos que viven demasiado cerca del polo y de las epidemias especificas del Norte, a partir de una cierta latitud. Como hemos visto, análogos fenómenos psicopáticos se dan en las distintas partes del mundo.

Chamanes de Tuvá (Siberia)

Chamanes de Tuvá (Siberia)

No tiene nada de sorprendente que determinadas enfermedades aparezcan casi siempre en relación con la vocación de los hombres-médico. El hombre religioso, como el enfermo, se siente proyectado sobre un nivel vital que le revela los datos fundamentales de la existencia humana, esto es, la soledad, la inseguridad y la hostilidad del mundo que le rodea. Pero el mago primitivo, el hombre-médico o el chamán no es sólo un enfermo: es, ante todas las cosa, un enfermo que ha conseguido curar, y que se ha curado a si mismo. Muchas veces, cuando la vocación del chamán o del hombre-médico se manifiesta a través de una enfermedad o de un ataque epiléptico, la iniciación del candidato equivale a una curación.*’ El famoso chamán yakuto Tüsput (esto es, “caído del Cielo”) cayó enfermo a los veinte anos, rompió a cantar y notó una gran mejoría. Cuando Sieroszewski lo encontró, tenía sesenta años y daba pruebas de una incansable energía. “Sí fuera preciso, podría tocar el tambor, danzar y saltar durante toda una noche.” Era, además, un hombre que habla viajado; incluso había trabajado en las minas de oro de Síberia. Pero sentía la necesidad de dedicarse al chamanismo: enfermaba si dejaba de practicarlo durante mucho tiempo.
Un chamán golde le contaba a Sternberg:

“Los viejos dicen que hace algunas generaciones había tres grandes chamanes en mí familia. No se sabe que haya habido chamanes entre mis antepasados más próximos. Mis padres gozaban de una salud peifecta. Tengo cuarenta años; estoy casado y no tengo hijos. Estuve muy bien hasta los veinte años; más tarde, cal enfermo, me dolfa el cuerpo y padecía unos espautosos dolores de cabeza. Unos chamanes intentaron curarme y no lo consiguieron. Mejoré cuando empecé yo mismo a dedicarme al chamanismo. Me convertí en chamán hace diez años, pero al principio ejercitaba mis facultades sólo en mi mismo; sólo hace tres anos que me dedico a curar al prójimo. La profesión de chamán es sumamente fatigosa.”

Sandschejew se tropezó con un Buriato que en su juventud había sido “antichamanista”. Pero cayó enfermo y, luego de haber buscado en vano su curación (llegó a trasladarse a Irkutsk para consultar con un buen médico), se consagró al chamanismo. Se curó inmediatamente, y se hizo chamán hasta el fin de sus días. Sternberg señala también que la elección del chamán se manifiesta por una enfermedad bastante grave que coincide generalmente con la madurez sexual. Pero el futuro chamán acaba por curarse con la ayuda de esos espíritus que serán después sus espíritus protectores y auxiliares. Algunas veces éstos son antepasados que desean trasmitirle los espíritus que quedan disponibles. Se trata, en efecto, de una especie de trasmisión hereditaria: en este caso la enfermedad es sólo un signo de la “elección”, y es una dolencia pasajera.
Se trata siempre de una curación, de un dominio, de un equilibrio realizados por el ejercido mismo del chamanismo. Por ejemplo, no se debe al hecho de padecer ataques de epilepsia el que un chamán esquimal o indonesio posea su fuerza y su prestigio; sino al hecho de que puede dominar su propia epilepsia. Exteriormente se puede muy bien señalar gran número de semejanzas entre la fenomenología del meryttk o menerik y el trance del chamán siberiano; pero el hecho esencial sigue siendo, sin embargo, la capacidad que posee este último para provocar voluntariamente su “trance epileptoide”, Y. lo que es más. los chamanes, tan parecidos, aparentemente, a los epilépticos y a los histéricos, dan prueba de una constitución nerviosa superior a la normal, por cuanto logran concentrarse con una intensidad inaccesible a los profanos, resisten esfuerzos agotadores, dominan sus movimientos extáticos, etcétera.
Según los informes de Bjeljavskíj y otros, recogidos por Karjalainen, el chamán vogul posee una inteligencia viva, un cuerpo perfectamente ágil y una energía al parecer sin límites. Por su misma preparación, con miras a su futuro trabajo, el neófito se afana en fortalecer su cuerpo y perfeccionar sus cualidades intelectuales.Un chamán yakuto llamado Mytchyll, al que conoció Sieroszewski. aventajaba, aunque ira viejo, durante las sesiones, a los más jóvenes, por la altura de sus saltos y la energía de sus gestos. “Se animaba, chispeaba de ingenio y de inspiración. Se atravesaba con un cuchillo, tragaba palos y devoraba carbones encendidos.” (Du chámenteme d’apris les croyances des Yakoutet, p. 517.) Según los Yakutes, el chamán perfecto “debe ser serio, tener tacto, saber convencer a los que le rodean; sobre todo, no debe parecer nunca presumido, orgulloso, violento. Debe sentirse en él una fuerza interior que no ofenda, pero que tenga conciencia de su poder” (ibid., p. 318). Difícilmente se reconocerla en este retrato al epileptoide que uno se imagina de acuerdo con otras descripciones…
Aunque los chamanes llevan a cabo su danza extática en el interior de una yurte * atestada de gente, en un espacio sumamente reducido, con vestiduras que llevan más de quince kilos de hierro en anillos y otros muchos objetos, ningún espectador resulta herido.” Y el baqça de los Kazakh-Kirghizcs. durante el trance, aunque “se arroja a un lado y a otro, con los ojos cerrados, coge siempre así todos los objetos que necesita”. Esta asombrosa capacidad de dominio, que señorea incluso los movimientos extáticos, revela una admirable constitución nerviosa. En general el chaman siberiano y nor-asiático no presenta ningún indicio de desintegración mental.” Su memoria y su facultad de autodominio son claramente superiores que las de la mayoría. Según Kai Donner (La Sibirie, p. 225).” “puede sostenerse que entre los Saraoyedos, los Osiiacos y otras tribus, el chamán está, por lo común, sano y es. con frecuencia, desde el punto de vista intelectual, muy superior a tu medio”. Entre los Buriatos los chamanes son los principales custodios de la rica literatura heroica oral.” El vocabulario poético de un chamán, yakuto abarca 12 000 palabras, mientras que su lenguaje usual —el único que comprende el resto de la comunidad— no pasa de las 4 000 (Chadwick, Growtk of líierature, III, p. 199). Entre los Kazakh Kirghizes, el baqça, “cantor, poeta, músico, adivino, sacerdote y médico, parece ser el custodio de las tradiciones religiosas populares y el conservador de las leyendas seculares”. (Castagné, Magie el txorchtne, p. 60.)

Análogas observaciones se han hecho a propósito de los chamanes de otras regiones.

Según Koch-Grünberg:

“los chamanes entre los Taulipang son, en general, individuos inteligentes, a veces astutos, pero siempre poseedores de un gran carácter, porque en su formación y el ejercicio de sus funciones necesitan dar pruebas de energía y de dominio de si mismos”.

Métraux al tratar de los chamanes amazónicos dice:

“No parece que se haya escogido ninguna anomalía o particularidad física o fisiológica como síntoma de una predisposición especial para el ejercicio del chamanismo”. ” Entre los Wintn la trasmisión y la perfección del pensamiento especulativo está en manos de los chamanes.”

El esfuerzo intelectual del profeta-chamán dayaco es enorme y denota una capacidad mental muy superior a la de la colectividad.” La misma observación se ha hecho acerca de los chamanes africanos en general (Chadwick, Poetry and prophecy, p. 30). En cuanto a las tribus sudanesas estudiadas por Nadel, “no existe ningún chamán que sea en su vida cotidiana un ‘anormal’, un neurasténico o un paranoico; si lo fuese, se le colocarla entre los locos, no se le respetaría como saccidoie. En fin de cuentas el chamanismo no puede relacionarse con una anormalidad naciente o latente; yo no me acuerdo de un solo chamán cuya histeria profesional haya degenerado en un desorden mental grave”.

Hechicero de Worgaia ( Australia)

Hechicero de Worgaia ( Australia)

En Australia, las cosas son aún más claras: los medicine-men deben ser perfectamente sanos y normales y lo son en la mayoría de los casos (A. P. Elkin, Aboriginal Men of High Degrce, Sydney, 1946 (?). pp. 22-25). Y es preciso también tener en cuenta el hecho de que la iniciación propiamente dicha no exige únicamente una experiencia extática, sino que, como vamos a verlo, lleva aparejada también una instrucción teórica y práctica demasiado complicada pura ser accesible a un neurótico. Que estén o que no estén sujetos a ataques reales de epilepsia o de histeria, los chamanes, los hechiceros, los hombres-médico en general, no pueden ser considerados como simples enfermos, porque su experiencia psicopática tiene un contenido teórico. Si se curan a si mismos y saben curar a los demás, es. entre otras cosas, porque conocen el mecanismo —o. mejor aún, la teoría— de la enfermedad.
Todos estos ejemplos explican, de una o de otra manera, la singularización del hombre-medico en el seno de la sociedad. Bien sea escogido por los dioses o los espíritus para ser su portavoz, bien esté predispuesto pata semejante función a consecuencia de algunas taras físicas, o bien sea portador de una herencia que equivale a tina vocación mágico-religiosa, de cualquier modo el hombre-médico se separa del mundo de los profanos justamente porque se halla en relación más directa con lo sagrado y manipula más eficazmente con sus manifestaciones. Debilidad, enfermedad nerviosa, vocación espontánea o por herencia son otros tantos signos de una “elección”. A veces estos signos son físicos (debilidad connatural o adquirida), en otras ocasiones se trata de un accidente, incluso de los más comunes (por ejemplo, caer de un árbol, ser mordido por una serpiente, etc.); pero, habitualmente. como vetemos con todo detalle en el capitulo siguiente, la elección se anuncia por medio de un accidente insólito: rayo, aparición, sueño, etcétera.
Nos interesa insistir en esta noción de singularización por medio de una experiencia insólita y anormal. Porque es preciso considerar que la singularización como tal surge de la dialéctica misma de lo sagrado. En efecto, las hierofanías más elementales no son otra cosa que una separación radical, de valor ontológico, entre un objeto cualquiera y la zona cósmica circundante: tal piedra, tal árbol o tal lugar, por el hecho mismo de que se revelan como sagrados, por haber sido, en cierto modo, “escogidos” como receptáculo de una manifestación de lo saturado, se separan ontológicamente de las otras piedras, de los otros árboles y de los otros lugares, y se sitúan en un plano diferente, sobrenatural. Ya hemos analizado en otra pane (Traité d’histoíre des religions, passim) las estructuras y la dialéctica de las hierofanías y de las kratofanías; en una palabra, las manifestaciones de lo sagrado mágico-religioso.

Lo que importa observar ahora es la simetría que existe entre la singularización de los objetos, seres y signos sagrados, y la singularización por elección, “escogiendo” entre los que experimentan lo sagrado con una intensidad distinta que el resto de la comunidad y que encaman, en cieno modo, lo sagrado, puesto que lo viven abundantemente, o, más bien, “son vividos” por la “forma” religiosa que los escogió (dioses, espíritus, antepasados, etc.. Estos pocos detalles preliminares mostrarán su verdadero alcance cuando hayamos estudiado los métodos de preparación y las técnicas de iniciación de los futuros chamanes.

* Yurte no es, para algunos autores (Fr Krause, por ejemplo), la tienda que sirve de habitación (temporal), sino “el lugar sobre el cual se eleva” dicha tienda. Esta ( llamada kibitka entre los Kirghizes) es de planta circula: y esta formada por una armazón de madera, cubierta con fieltro.)

Fuente: El Chamanismo y las técnicas arcaicas del extásis (E. Mircea)

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