Los espíritus maléficos de la cultura Mapuche.

El universo mapuche está poblado de numerosos seres míticos o sobrenaturales que, encamados en una o varias formas, pueden realizar acciones benéficas o malignas en relación a los hombres de la tierra.

A los espíritus del mal se les designa genéricamente wekuie. Dirigidos por los jefes superiores malignos y/o los kalku. actúan como agentes de la enfermedad, desgracia y muerte. Para cumplir con sus propósitos, han sido dotados de diversos poderes mágicos. “Suelen aparecer o desaparecer, tanto en el aire y en el agua como en la tierra; en forma de pájaros, animal es, fenómenos naturales o apariciones pseudo humanas … Se caracterizan por su fisonomía extraña. híbrida, deforme o fantástica. Con frecuencia sólo es posible escucharlos o sentirlos. por ser, en su mayoría. apariciones nocturnas invisibles”.

Chonchón

Chonchón

Uno de los wekufe más recurrente en la vida cotidiana de los mapuche es el chonchón o tueué, nombre este último de carácter onomatopéyico que señala su canto fatídico, presagio de males diversos. Según las creencias. se trata de la cabeza de algún kalku que vuela por la noche mediante sus enormes orej as que le sirven de alas. Desprendida del cuerpo y transformada en un pájaro de hábitos nocturnos, es el espíritu errante de un brujo que merodea alrededor de las viviendas predispuesto a dañar a su víctima. “El pasar un pájaro grande por (la) cima de su casa -escribió Olivares- es que viene a flecharlos algún brujo”. El mismo cronista describi ó al choncb ón y al nuco como aves semejantes a la lechuza. en figura y color, que aborrece n la luz, cantan de noche y nun ca habitan en poblados. Según el jesuita, “los indios tienen en ellos varias quimeras supersticiosas”.

Un informante expresó que “el chonchón saben decir que es cabeza de gente ; que sale la cabeza de gente a volar. Sabe volar como los pájaros. Sabe andar de noche no más. De día no. Va a cualquier parte … El dueño del chonchón es el brujo, el kal’ku, porque cualquiera no lo puede mandar. El chonchón va a hacer maldad, infinitum, el daño… y después la persona enferma y muere. Chonchón y welcufe son lo mismo”.

En otro testimonio se señala que el “chonchón es un pajarito. Es cabeza de kalku, cabeza de persona que sale a volar. De persona que tiene fuerza. El que tiene la fuerza es el kalku … El chonchón trae la enfermedad, mata a la gente … Durante el día no aparece nada, a la noche sí …Chonchón también es una lechuza que sale de noche, esa no es nada kal’ku..”

Con el nombre de chonchón se designa entonces a dos seres muy distintos. Por una parte, a una lechuza de existencia real y, por otra, a una subfigura que puede ser una cabeza humana -la del kalku – o un ave dotada de una potencia maligna, que actúa como espíritu del brujo, es decir. la transformación del propio brujo” , Ya aludimos anteriormente a estos poderes mágicos: desdoblarse en cuerpo y espíritu, separar la cabeza y hacerla volar, tener eI espíritu a su servicio, tomar la figura de un ser o ente de la naturaleza, etc.

Durante el proceso desarrollado en Chillán, y según las declaraciones recogidas por el notario, todos los indígenas se habrían referido a la capacidad de los brujos para transformarse en animales o aves. O más precisamente, confesaron su propia metamorfosis en zorros, perros y pájaros . De los diecinueve, ocho declararon haber adoptado la figura del chonchón y uno la forma del nuco. En el conjunto de las respuestas se advierten, sin embargo, algunas diferencias respecto de los propósitos de la transfiguración. Según Melchora, ella y Marcela tomaron la figura del chonchón “y fueron volando las dos por el aire .., como a las nueve de la noche. y que … hallándose agraviada del dicho don Alejo Zapata porque había dicho que era una p … amancebada, vieja y bruja. Por ésto le tiró un flechazo a la dicha doña Rita (esposa de aquél) …  que al punto le causó el mal en la garganta y en todo el cuerpo’ :”, En este caso, se trataría de dos personas cuya transformación tenía un claro propósito de causar daño o maleficio, función esencial atribuida al personaje mítico en cuestión. Con algunas variantes, el resto de los acusados declaró que: según su entendimiento o voluntad, adoptaban la figura que mejor les parecía con el fin de concurrir a las cuevas “solamente para holgarse” o “celebrar la holgueta”, comiendo, bebiendo y bailando a usanza” .

Una de las inculpadas expresó “que nunca ha oído tratar de maleficios. sino de embriaguez y bailes”. Dada la mentalidad y las condicionantes culturales de quienes informaron sobre la creencias y costumbres mapuches, se puede suponer en este caso un posible origen hispánico o ser un reflejo de la brujería de arrollada en el mundo europeo. Como señaláramos, las aliadas del demonio se reunían para participar en orgías nocturnas y adquirir conocimiento de las malas artes por medios secretos y ocultos.

Según un relato actual, convertida la cabeza en chonchón, “van los brujos al reni una casa especial, van (allí) a hacer maleficios, juegan a la chueca, comen; todo lo que comen son cosas ricas; todas las cosas son de puro oro.

Las creencias en el chonchón, sus incursiones y su temida influencia maléfica, han pasado de la población indígena a los habitantes no mapuches del centro sur del país. En los alrededores de Chillán constituye una de las tradiciones míticas más arraigadas entre los campesinos de la región, aunque su evocación resulta cada vez más parcial y fragmentada. Las referencias obtenidas en terreno han sido muy similares a las logradas en la Araucanía. Las versiones incluyen el desprendimiento de la cabeza del brujo, la transformación de las orejas en alas, la metamorfosis en ave (huairavo, buitre, lechuza. etc.) y las defensas mágicas o “contras” para ahuyentar al chonchón, abatirlo o neutralizar su poder negativo. Muchos de estos recursos protectores han sido tomados del catolicismo popular y sumados a los originarios, permiten reforzar las precauciones contra las apariciones inesperadas de la fatídica ave, otorgando mayor seguridad a la población frente a una realidad que se vive intensamente.

Imbuche

Imbuche

Otro personaje mítico que aparece en el proceso de Chillán es el Imbunche, Según la declaración de Francisco Mariguala, en Longaví, partido de Maule, había “cueva, culebra y chivato y un ibunche” . También figuran en el proceso de 1693 unos ibunches que tienen vello a modo de lana muy suave, (de color) pardo.

Ricardo Latcham encuentra las primeras referencias a esta figura en los cronistas tempranos, por ejemplo, en Arauco Domado de Pedro de Oña, aunque advierte evidentes equívocos. A su juicio, originalmente “la voz ivurnche debe haberse referido al nagual, o animal aliado de los brujos, que tenía la facultad de transformarse en la figura de gente. Posteriormente, trocó su figura en aquella de un niño deforme y contra hecho”.

Junto con producirse esta transformación, “se efectuó la conversión de ivumche, que era la denominación más antigua, en ivunche, que significa gente hinchada … La imaginación ha ido responable de los demás detalles. Las dos palabras tan parecidas y tan diversas en sentido, confundiéndose, han dado lugar a la creación de un ser montruoso que todavía vive en las supersticiones del pueblo chileno, con el nombre más conocido de imbunche”. Según la tradición es un ser “fabricado” con las malas artes de la brujería. El kalku roba a un niño de seis meses a un año y Ie obstruye todos lo agujeros naturales de su cuerpo, dejándole sólo un pequeño orificio bucal por donde lo alimenta. Se le concibe, además, con la cara vuelta hacia atrás y una pierna pegada a la nuca o a la espalda. Habita en las cuevas subterráneas y es una especie de aliado, consejero o informante de los brujos e instrumento para sus venganzas y maleficios.

Al parecer, estas creencias se extendieron por una vasta zona del país, formando parte de la mítica chillaneja hasta principios de este siglo, perdiendo vigencia posteriormente. En las últimas décadas no se han logrado referencias sobre el personaje ni aún entre los habitantes más antiguos de la región”, El mito se mantiene en Chiloé con diversas variantes locales. Algunos informantes han afirmado que es un hombre al que agregan ciertos rasgos monstruosos y bestiales. Se parece al chivo, es lanudo y su balido aterrador tiene influencia nociva sobre las personas. Para unos, simplemente asusta ; para otros, la persona que percibe su presencia puede enfermar de “espanto”. El imbunche es originariamente un niño normal, nacido de una mujer limpia, es decir, que no participa en las malas artes. Raptado por los brujos, es conducido a la cueva donde le practican una operación para adherirle una pierna al espinazo. Custodia la cueva o casagrande, aunque también se afirma que es dueño o jefe de ella. Los brujos lo utilizan como vehículo de sus maleficios y acostumbran besarle las posaderas”. Tal como se conserva en la tradición chilera. el mito acusa algunos detalles de ascendencia europea. Su clara vinculación al mal. sus rasgos bestiales y caprinos, el papel de jefe en las reuniones nocturnas, el respeto que inspira a los brujos el ósculo deshonesto. etc., recuerdan al macho cabrio del culto sabático. Una influencia similar puede haberse producido en el centro del país, pero la información disponible, escasa y fragmentaria, no permite afirmarlo.

Anchimallén

Por último, también aparece en dos de los procesos citados otro ser mítico que se mantiene vigente entre las comunidades mapuches de hoy: el Anchimalguén. En el juicio de 1693, un indígena expresó haber visto en la cueva, además de los imbunches, “otras ficciones que llamaban Anchimalguén que por el aire hacían remolinos y que parecía ave..” . Por su parte, en el proceso de 1749 Agustina Aillanea declaró que al concurrir a las reuniones se encontraban “con una mujer muy pequeñita que cuida la cueva y le llaman Anchimalguén” . Desde los cronistas coloniales se han asignado a este personaje variedad de nombres, atributos y funciones. Su fluctuante etimología y semántica inducen a pensar que se trata de una figura recreada con el de venir de los acontecimientos, adecuándose y amoldándose constantemente a una realidad sociocultural cambiante.

Según Guevara, el “Anchimalguén” fue considerado en épocas remotas el espíritu benefactor femenino, de lo cual deduce que seria la personificación de la luna en cuanto “mujer del sol’, de acuerdo a la traducción que el estima literal. Con el tiempo esta voz cambió su etimología y significado para constituirse en “Anchimallén”, ”el genio enano que no pasa de la altura y grosor de un niño de pocos meses. Posee la propiedad de transformarse ya en fuego tenue y fugaz, ya en pequeños reptiles … cuida los animales del que se pone bajo su protección, lo secunda en sus venganzas, le da riqueza y salud y lo preserva de maleficios…..

Actualmeme, el personaje mítico aparece asociado a los  brujos, quienes le otorgan la vida y sus atributos. “Lo confecciona un kalku a través de un ritual, tomando como materia prima un hueso de niño muerto, por lo que su carácter es siempre juguetón y a pesar de ser un ente poderoso utilizado como protector, necesita siempre de un amo … En la noche se muestra bajo la apariencia de una luz o bola de fuego”. El anchimallén es conceptuado generalmente como un ser maléfico. Sin embargo. al igual que otros entes sobrenaturales, no está predeterminado de modo absoluto o unidireccional hacia el mal. También puede actuar benéficamente del mismo modo que los espíritus del bien lo hacen en forma maligna. Así parecen confirmarlo algunos relatos mapuches actuales. “Existe el Anchimallén, el cual ayuda a la gente que es su dueña ” expresa un informante de la Araueania. Yo si tuviera un Anchimallén sería respetado. La gente que viene de otra parle le tendría miedo a ese Anchimallén, si anduviera así alumbrando los ojos por la noche, él anda como jugando, anda por la noche. De día no se ve … El es para cuidar animales”.

En otros sectores de la región se le ha descrito como una niña mujer, o como un niño chico que vuela o camina, o un niño con ojos de fuego. Según los informantes, procede del reni y habita en la casa del kalku o de sus dueños. Puede causar daño, perder a la gente, chupar la sangre y matar animales. También suele brindar protección a sus amos y a los bienes de éstos” . Los atributos y funciones anteriores no aparecen en los procesos legales que comentamos,cuya información, por lo demás, es muy escueta. Sin embargo, se percibe en ambos juicios la vinculación del personaje mítico con la brujería y los poderes del mal, a la vez que se constata su difusión en el área norte del Biobío, su antigüedad y pervivéncia en el conjunto de creencias indígenas. En síntesis, desde tiempos antiguos la sociedad mapuche ha creído en la existencia de personas que, dotadas de poderes especiales o extraordinarios, pueden provocar diversos males a sus semejantes. La creencia en los llamados kalku se mantiene vigente hasta nuestros días.

Dirigidos por los brujos o coaligados con ellos, pueblan el universo mítico mapuche un conjunto de espíritus maléficos que amenazan constantemente el orden, desencadenando sobre los seres humanos la desgracia, la enfermedad y la muerte. Sobre ellos, lo mismo que sobre los entes benignos, se han configurado una serie de creencias íntimamente ligadas a la mentalidad y a la cosmovisión del pueblo. Sus atributos y acciones son asumidas por éste con el carácter de verdad y de vivencia y comparten con los sucesos naturales el mismo status de realidad. Tres de ellos -el imbunche, el anchimallén y el chonchón se conocieron al norte del Biobío, es decir, más allá de la Araucanía histórica, la tierra mapuche por excelencia. Así parece indicarlo el proceso de 1749. Mientras el primero perdió vigencia en la región, posiblemente a comienzos de este siglo (XX), el último -de la cabeza alada- se mantiene con vigor hasta el presente, difundido entre vastos sectores campesinos de Chillán y sus alrededores. Su esencia no ha cambiado, aunque algunos elementos accesorios o secundarios acusan el largo proceso de contacto interétnico. Nos hemos aproximado así a una sociedad, la mapuche, poseedora de un pensamiento esencialmente religioso y mágico. Sus integrantes han desarrollado un complejo sistema de creencias relativas a la brujería o “males artes”. muchas de las cuales sobreviven en la conciencia colectiva de los habitantes de Ñuble.

Fuente.

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