La realidad de Don Juan.

Por  Francisco Máñez.

Durante la numerosas noches de largas conversaciones que mantuve con un reducido círculo de amigos sobre la teoría del colapso, Jacques Fletcher me insistía una y otra vez en que leyera a Carlos Castaneda, algo que debo agradecerle. Sin demasiada atracción años ante había leído Las enseñanzas de Don Juan, la obra en donde Castaneda narra sus experiencias junto a un viejo brujo yaqui, el cual intenta transformar su consciencia modificando su percepción del mundo mediante el consumo de plantas y hongos alucinógenos.

Aquel libro fue seguido de otros escribiéndose una increíble cantidad de artículos a favor o en contra de las historias contadas por Castaneda. Muchas veces se ha asegurado que Don Juan jamás existió y que todo se debe a la fantasía del autor, las palabras «fraude» o «engaño» han sido ampliamente utilizadas contra él. Desde luego yo no sé si el brujo Juan Matus existió de verdad y menos si otros inolvidables personajes como Don Genaro pertenecen al género de la novela únicamente, pero lo que sé es que si las explicaciones de Don Juan han sido un producto de la visión que posee exclusivamente Castañeda sobre la realidad es algo para contemplar por su comprensión intuitiva de la naturaleza.

Las enseñanzas de Don Juan y el adiestramiento con que somete a su alumno mueven sensaciones extrañamente familiares en nuestro interior, quizás se traten de elementos inconscientes de nuestra mente o de experiencias nubladas por la razón que de algún modo nos muestran una senda normalmente desechada. Sobre ellas se podrían escribir voluminosos análisis y estudios pero no es esa mi intención. Este viejo yaqui en compañía de Don Genaro muestra a Castaneda la posibilidad de que un brujo se desdoble pudiendo actuar y ser observado en más de un sitio al mismo tiempo (en parapsicología se conoce como bilocación). Como es de esperar a Castaneda aquello le parece imposible de comprender, más todavía cuando se le asegura que incluso el brujo puede acordarse de lo que ha sucedido en dos sitios distintos. Explica Don Juan: «Piensa en esto. El mundo no se nos viene  encima directamente; la descripción del mundo siempre está en medio. Así pues, hablando con propiedad, siempre estamos aun paso de distancia y nuestra vivencia del mundo es siempre un recuerdo de la experiencia. Estamos eternamente recordando el instante que acaba de suceder, acaba de pasar. Recordamos, recordamos, recordamos».

Para muchos las lecciones más importantes recibidas por Castaneda se centran en cuestiones éticas y procederes correctos, no obstante en la descripción de Don Juan del origen último de una naturaleza de la que formamos parte indivisible se aproxima extraordinariamente a la teoría del colapso. Por ejemplo, entre otras abundantes cuestiones, para él existe una realidad personal ajena al resto de los seres vivientes. Tras una rara experiencia en la que Castaneda ve un paisaje contrario al esperado Don Juan le dice a su alumno: «Esas escenas son tu propia conquista personal, que no puedes compartir con nadie».

No sólo se trata de una forma distinta de comprender los fenómenos naturales, sino también una interpretación diferente de la propia naturaleza, y para ello, como parte de la exposición de su saber, presenta ante Castaneda una serie de hechos bien descritos por la parapsicología: la manifestación de seres no físicos (apariciones), adivinación de sensaciones y pensamientos (telepatía) o la presentación de objetos procedentes de la nada (aportes). Aunque este es un modo extremadamente limitado de ver el mundo de Don Juan (sin duda muy limitado), es de destacar que el brujo no habla en absoluto de energías sutiles o de los conceptos tradicionales manejados por mi disciplina. En la coexistencia de dos entidades singulares llamadas tonal y nagual se origina este universo que sólo la razón lo plasma tal y como lo conocemos.
«El tonal es todo eso para lo que tenemos palabras», dice Don Juan, «el tonal es todo cuanto conocemos. Y eso no sólo nos incluye a nosotros, como personas, sino a todo loque hay en el mundo». Sin embargo «el nagual es la parte de nosotros para la cual no hay descripción: ni palabras, ni nombres» ni sensaciones, ni conocimiento», y como hicieron los antiguos hindúes el brujo al serle imposible describirlo se centra en hablar de lo que no es: ni pensamientos, estados de gracia, el cielo o dios son el nagual. Don Juan lo compara limitadamente con una creatividad responsable de la formación de las cosas, y para ello hace aparecer una ardilla en su mano que crece ante los ojos de Castañeda hasta desaparecer.
Don Juan realiza una separación entre las cosas que ocurren en el mundo (tonal) y lo que es el mundo (nagual). Sobre el tonal poco se puede añadir pues pienso que el tema queda claro. El nagual te es mostrado a Castañeda por Don Genaro en forma de situaciones y fenómenos imposibles: percepciones extraordinarias, saltos impracticables y toda una serie de demostraciones irrealizables para la lógica común. En la naturaleza existen todas las posibilidades y Don Genaro elige otras diferentes a las habituales ante un Castaneda cuya razón se le ha hecho dormir por varios métodos. Variar el hábito de estructuración es la base de estos brujos en presencia de un hombre que de momento no comprende nada, y al que las frases de Don Juan le parecen indescifrables: «No hay movimiento ninguno. El hombre es sólo mente!».

Muchas veces he pensado que los críticos más violentos que han atacado a Castaneda son aquellos que no pueden ver como un viejo indio supuestamente atrasado e inculto es el maestro de un antropólogo. El saber del pueblo contra el saber de la ciencia, una batalla ganada aparentemente por esta última de manera contundente. Pero las enseñanzas de Don Juan y de Don Genaro son difíciles de olvidar para las personas que con anterioridad habían puesto en duda esa tan elogiada seguridad del saber con que se reviste la mayoría de la comunidad científica.

Fuente: Cuando la razón duerme (estructuración de la naturaleza de la psique)

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