La noción de los planos.

Por Gérard Anaclet Vincent Encausse (PAPUS).

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Cuando por vez primera se lee una obra de alguno de los escritores que se han dedicado al estudio de las fuerzas invisibles, se experimenta un sentimiento de rechazo, a causa de los términos técnicos que en ella se ven. Pero, si se prosigue en este tipo de lectura y se compara un autor con otro, se llega pronto a comprender este especial lenguaje, y se reconoce el significado de términos como periespíritu, energías metapsíquicas, cuerpo astral, plano astral, plano mental, fuerzas, kármicas manásicas, espíritus superiores, etcétera.
Sin embargo, hay unos términos sobre los que creemos que es nuestro deber el insistir especialmente, entre otros, el de plano. Realicemos en un vaso la siguiente experiencia: coloquemos allí las substancias:

1) Mercurio.
2) Agua.
3) Aceite.

Estas tres substancias no se mezclan, sino que en el interior del recipiente forman tres láminas, estratos o planos. Si supusiéramos estas tres substancias habitadas por seres vivos: vegetales, bacterias, u otras, tendríamos:

– Los habitantes del plano del Mercurio abajo;
– Los habitantes del plano del Agua en el centro;
– Por último, los habitantes del plano del Aceite arriba.

La totalidad de dichos seres y de esas substancias se encuentran en el mismo vaso o recipiente, y sin embargo, no se comunican unos con otros; están separados a causa de la diferente densidad de cada uno de los planos en los que evolucionan.
De manera similar, los ocultistas consideran la naturaleza dividida en tres sectores o planos correspondientes a la imagen que acabamos de analizar. Hacia abajo, está el plano material formado por todo lo que es material y visible, tanto sobre la tierra como en otros planetas; este es el plano de los cuerpos físicos y de las fuerzas físicas.
Por encima o alrededor de este plano, existe el de las fuerzas vitales, las fuerzas animadoras. La vida que circula en nuestro cuerpo es un ejemplo de esta fuerza. Se trata de la vida, que según las enseñanzas de la antigua ciencia egipcia, constituiría la fuerza vital que existe en nosotros, y que es la misma energía que circula por los astros. Por ello, se les ha dado el nombre de fuerzas astrales a las energías de este plano, el que a su vez se ha denominado, plano astral.

Todavía más arriba, encontramos el plano de las fuerzas espirituales, de la personalidad, de la voluntad que rechaza o acepta las pruebas, y finalmente, de la totalidad de las manifestaciones del espíritu inmortal, ligado directamente al plano divino.

Hemos utilizado aquí las expresiones, abajo, en medio, arriba, simplemente para la satisfacción de nuestros hábitos mentales. En realidad, los diversos planos están mezclados unos con otros, se penetran sin confundirse, como un rayo de sol atraviesa un cristal sin hacerse solidario con él, como la sangre circula por el cuerpo encerrándose constantemente en los vasos.
No hay que buscar un lugar especial, un espacio físico en donde estén acantonados los muertos de la Tierra. La tradición nos enseña que determinados seres muy cargados de materia, después de su muerte, quedan acantonados en los conos de sombra, que cada planeta lleva detrás de él a través de los cielos, pero esto es bastante excepcional. Por lo general nuestros muertos están en el mismo lugar que nosotros, pero en otro plano de este mismo lugar, de la misma forma que el aceite y el mercurio están en el mismo vaso y sin embargo se mezclan aún menos que los planos de lo visible y lo invisible que, se penetran unos en otros completamente.

Es sólo por una confusión lamentable como algunos autores han querido “alojar” a los muertos en un lugar cualquiera del plano físico. Se les ha situado en el centro de la Tierra, después en otros planetas, incluso en diversos soles. Está claro que todo ello es posible, pero siempre en el plano astral de esos diferentes lugares, ya que el plano físico está reservado a los cuerpos físicos materializados y encarnados.

¿Pero, es posible el hacer pasar a un ser, momentáneamente, del plano invisible o astral al visible o físico? Esta es la gran cuestión de las evocaciones, sobre las que diremos unas palabras, pero debemos insistir un poco sobre estas nociones de los planos porque es necesario lograr un concepto lo más claro posible de ellos. La noción de planos juega, efectivamente, un papel considerable en el estudio de los problemas psíquicos, y muchísimas confusiones o invenciones provienen precisamente de la oscuridad de esta noción de los planos.
Así, todo ser del plano físico, todo ser encarnado y materializado no puede ser encerrado más que en un cubo, o mejor dicho, en un cuerpo de tres dimensiones; lo que quiere decir en lenguaje vulgar que cuando se quiere “encerrar” a un truhán, hay que meterlo entre cuatro muros de materiales muy sólidos, con una puerta resistente, un techo a prueba de huidas, y una ventana enrejada. Caja para contener moscas o celda de prisión central, no son otra cosa que cubos de tres dimensiones, que son necesarias para encerrar un ser del plano físico, sea una mosca o un criminal.

Que los lectores, que no estén muy habituados al “argot” del ocultismo nos disculpen, en especial si no resultamos demasiado claros, trataremos a continuación de explicarnos, si es posible, un poco más claramente. Si deseo encerrar un rayo de sol o un rayo de un astro, mi cubo no me servirá de nada; si es una jaula el sol pasará a su través, si se trata de la celda de una prisión, pasará por entre las rejas o los vidrios, incluso si éstos son muy espesos, pero sin que sea posible captarlo.
Pero si me sirvo de una placa fotográfica, el rayo de sol al descomponer las sales de plata se fijará sobre la indicada placa con las imágenes que iluminaba.Un superficie plana, un plano matemático basta aquí para retener un rayo astral.
El ocultismo enseña que hay una serie de seres especiales que circulan por todos los rayos de los astros; estos seres no poseen cuerpos físicos, sino un cuerpo de rayos luminosos llamada cuerpo astral. El plano en el que viven estos seres, se denomina igualmente, plano astral. Para encerrar a estos seres, basta con una superficie plana formada por la reunión de dos o tres líneas.

Finalmente, si yo tengo una idea que no deseo comunicar a nadie, la guardo para mí, lapidada en un punto de mi cerebro y constituye allí un diminuto ser espiritual, del que me serviré más tarde a mi antojo.
Este ser espiritual puede, por el empleo del verbo, marchar a estimular emotivamente cien puntos cerebrales semejantes al mío. Colocada y conducida sobre el carro verbal, la idea se ha multiplicado y revitalizado a sí misma. Allí ya no existe prisión posible, ni el cubo ni el plano pueden encerrarla. Su esencia es la libertad. Estos son los caracteres del plano espiritual, plano de los seres divinos del que nuestro propio espíritu es un chispazo.

Para concluir, existe un plano físico con la totalidad de los seres físicos, provistos de un cuerpo físico y del que el cubo, o la construcción en tres dimensiones es el necesario alojamiento: cámara, habitación o calabozo (siempre un espacio de tres dimensiones). Hay también un plano astral con los seres astrales, provistos de un cuerpo astral y del que la superficie plana es el alojamiento necesario (espacio de dos dimensiones).

Por último, está el plano espiritual con espíritus provistos de un cuerpo espiritual, y del que el punto matemático es el necesario alojamiento (aquí ni el tiempo ni el espacio actúan ya). Veamos ahora como se pueden estudiar, en su plano respectivo, las fuerzas físicas, astrales, y espirituales. Nos limitaremos a algunas ideas generales que serán suficientes para el objetivo que nos hemos propuesto.

Las fuerzas en los tres planos

Las fuerzas físicas son fáciles de estudiar, puesto que actúan en el mismo plano en que nos encontramos nosotros actualmente. Para hacerlo habría que empezar por ocuparse de las fuerzas hidráulicas, con sus gruesos órganos, que van desde la rueda de molino hasta la moderna conducción de la “hulla blanca”.
Se podría también estudiar el vapor de agua, que circula en su delicada tubería. Podríamos, igualmente, describir la electricidad circulando por sus hilos metálicos. Todas ellas son modalidades de la fuerza física.
En general, esta fuerza presenta los siguientes caracteres:

1) Necesidad de un conductor material.
2) Dinamismo en relación con la condensación y materialización de la fuerza.
3) Modificaciones producidas sobre la materia inerte por la acción de fuerzas materiales.

El estudio de una fuerza astral puede proseguirse siguiendo las modalidades de la luz del Sol, actuando sobre la Tierra.
Esta fuerza está, en principio, animada por una velocidad de desplazamiento considerable (más de 200.000 km por segundo). Atraviesa, de esta forma, inmensos espacios con la mayor rapidez. Esta fuerza no se hace dinámica más que si se la condensa por medio de una resistencia. Los espejos permitirán obtener calor efectivo, con lo que se podría también, por medio de condensadores especiales, transformarla en electricidad, pero, normalmente, la luz del Sol atraviesa el vidrio sin romperlo e indica que esta manera el carácter de una fuerza astral, que es la de atravesar los condensados de energía material sin alterarlos.
Finalmente, como la fuerza solar es la misma que la fuerza vital que circula en la totalidad de los seres vivos, esta fuerza solar es un poderoso reconstituyente fisiológico.Tales son los caracteres generales de una energía astral. No vamos a discutir aquí el origen real de la luz solar; que esta luz proceda directamente del Sol, como nos enseña la astronomía actual, que sea por el contrario producida en la atmósfera de nuestro planeta por una emanación de fuerza solar neutra que se transforma en luz, calor, electricidad al contacto de cada planeta, poco importa. Lo que nos interesa actualmente es el poder seguir la actividad de una fuerza astral en acción sobre la tierra. Por lo demás, los sabios están ahí para resolver estas cuestiones de origen muy obscuro y en todo caso demasiado técnicamente especializadas, para ser abordadas en un estudio tan elemental como el nuestro.

Las fuerzas del plano intelectual y espiritual son aún poco conocidas de nuestros contemporáneos. Los colegios iniciáticos de la antigüedad y determinadas sociedades misteriosas de la India, del Islam, y también de Occidente poseen sobre ello nociones muy precisas. Las fuerzas de este plano actúan más allá del tiempo y del espacio, se transmiten instantáneamente de un planeta al otro, así como de un punto a otro muy alejados sobre la superficie de la Tierra.
Para poder manifestarse, estas fuerzas necesitan de un punto de apoyo material. Utilizan en general los órganos nerviosos y el cerebro de los seres vivos. Es por tanto un error el creer que las “cadenas de voluntad” pueden actuar directamente sobre los acontecimientos sociales.
Las cadenas de luz física podrán también esforzarse en romper vidrios materiales. La luz atraviesa el vidrio sin destruir nada, el pensamiento atraviesa los clisés astrales sin producir una influencia directa. Es por lo tanto muy importante el evitar este error de la acción de las fuerzas espirituales sin un útil material.
Juana de Arco nada podría haber hecho sin un ejército. Este ejército ha realizado verdaderos milagros a partir de su constitución, pero era necesario, porque sobre el plano material no se puede actuar dinámicamente mas que mediante las fuerzas materiales.
Un ser humano que ha pasado al plano espiritual ya no tiene ninguna acción directa sobre la materia. Puede atravesar los objetos como la luz lo hace a través de un vidrio y tendrá necesidad de hacer uso de unas herramientas especiales como la fuerza vital de un médium humano, o las resistencias particulares como el cristal y la madera, para ponerse en contacto con el plano material del que está alejado.

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