Sustancias invisibles para hacer el bien y el mal.

Por Alfred Métraux 

El poder del chamán se ha identificado a menudo con su respiración o el humo de tabaco, que materializa la respiración y añade el efecto del tabaco. El poder purificador y revitalizador de la respiración y el humo de tabaco ocupaban una parte importante en los tratamientos mágicos y otros ritos mágicos. Algunos autores también han descrito el poder del chamán como una sustancia misteriosa que el mago lleva en su cuerpo.

En el transcurso de sus actuaciones de magia, los gestos del chamán denotan que sostiene algún objeto invisible, que ha extraído del cuerpo del paciente o que transmite a otras personas o cosas para acrecentar su virtud. Los chamanes apapocuva-guaraníes, por ejemplo, recibían de los espíritus una sustancia que, a su vez, podían proveer a otras personas para aumentar su vitalidad. […]

No existe ninguna diferencia significativa entre esta sustancia mágica (una materia invisible pero tangible) y las flechas, cristales y espinas que a veces se hallan en el cuerpo del chamán. Estos objetos son verdaderas materializaciones del poder del chamán, que a veces se concibe de un modo más abstracto y vago como una “sustancia mágica”. Del mismo modo, el espíritu guardián o espíritu de la familia del chamán es una personificación de este mismo poder y no una entidad por sí misma y diferente de la noción de sustancia invisible. La sustancia mágica, los objetos patógenos y los espíritus guardianes son tres aspectos diferentes de la misma noción fundamental, aunque vagamente elaborada, de poder mágico.
Los siguientes ejemplos ilustrarán este aspecto. En algunas tribus del alto Amazonas, la sustancia mágica está estrechamente relacionada con espinas y dardos invisibles que se ponen en remojo en ella. En el pueblo cubeo también se asocian los cristales con la fuerza mágica; así, el chamán introduce en la cabeza del novicio pequeñas piezas de cristal que se considera que consumen su cerebro y sus ojos, reemplazando estos órganos y convirtiéndose en su “poder”.

Los cristales minerales también son espíritus. Según los caribes de Barama, cada categoría de espíritus estaba representada por un tipo diferente de piedra, cuya posesión garantizaba al chamán el control de la clase de espíritu identificada con la piedra. Hacía el final de la iniciación se hacían pasar piedras desde la boca del novicio hasta sus brazos, para abrir un pasaje para un proyectil mágico. Así pues, se puede identificar a los cristales y los espíritus. Del mismo modo, las armas mágicas también están dotadas de vida, porque una vez han efectuado la tarea designada, regresan al cuerpo del chamán.

Cuando un chamán yagua moría, los dardos de su cuerpo iban al de un discípulo y, si no lo tenía, entonces los dardos volaban por el aire hasta encontrar el cuerpo de otro chamán en el que poder entrar. […]

Puesto que los chamanes eran por definición “portadores de flechas invisibles o sustancias mágicas”, estaban dotados con poderosas armas, que podían usarse tanto para hacer el bien como el mal. Sin su poder negativo, el chamán no podía ser médico, y aquel chamán que usaba sus armas sólo para atacar a los enemigos fuera de la comunidad, tenía una buena reputación y era considerado como el mejor servidor de la comunidad. Sólo cuando se volvía contra los miembros de su propio grupo era objeto de odio, desconfianza y, en ocasiones, hasta venganza.

La sustancia mágica, que era la fuerza del chamán y que él usaba para cuidar y fortalecer sus clientes, se convertía en un arma mortal cuando se dirigía a un enemigo. «El poder del chamán es idéntico al veneno mortal», así, el chamán guaraní atacaba a sus enemigos lanzándoles la sustancia mágica que recuperaba del cuerpo de sus pacientes. En cambio, el chamán chiquito llevaba en el estómago una sustancia negruzca que resultaba mortal para aquéllos a los que se les inyectaba con fines criminales. […]

El castigo que los indios aplicaban a los hechiceros era proporcional al miedo que les tenían. Así, los actos más crueles que cometían los indios eran siempre aquellos que se dirigían a los chamanes que habían quebrantado su confianza. Los campa, por ejemplo, no sólo mataban al chamán culpable sino que también mataban a toda su familia y destruían sus bienes.

 

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