Chamanes, cuevas y el señor de los animales.

Por Walter Burkert

Existen dos tipos de pruebas que relacionan la búsqueda de animales con el más allá: el chamanismo utilizado como magia para cazar, por un lado, y las pinturas rupestres del Paleolítico superior por el otro lado. El chamanismo ha atraído la atención de los estudiosos clásicos como una forma de éxtasis; además se ha discutido sobre su importancia como fuente de la creencia en la inmortalidad del alma (en especial, en la obra de E. R. Dodds) y como origen de la épica.
Pero en todas estas perspectivas no se ha sacado a la luz el hecho de que el chamanismo está estrechamente ligado a los animales y que en las sociedades de cazadores se utiliza en relación directa con la caza, su medio de subsistencia básico.

Los ejemplos más relevantes proceden de los esquimales de Groenlandia, quienes vivían en gran medida de la caza de la foca. Los esquimales creen que las focas pertenecen a la reina de los animales, Sedna, la anciana de “allí abajo”. Si una tribu no consigue encontrar suficientes focas y le acecha el hambre, entonces significa que se ha despertado la ira de Sedna y el chamán deberá interceder en favor de la tribu y apaciguar a Sedna. De este modo se organiza una celebración y el chamán, en trance, emprende un viaje hacia las profundidades del mar, donde halla a Sedna y averigua el motivo de su enfado: siempre se trata de los pecados de los seres humanos, especialmente de las mujeres que han violado ciertos tabúes. La misma Sedna está manchada a causa de sus impurezas. Así pues, el chamán debe limpiarla antes de pedir su perdón. Por supuesto, al final lo consigue y regresa de su viaje extático llevando consigo a los animales. Los cazadores inician la caza de inmediato, con el ánimo recobrado, y consiguen su objetivo. Rasmussen presenció una ceremonia de este tipo en 1920. […]

El caso de los esquimales quizás sea el más llamativo, pero éste no es un fenómeno aislado, puesto que se considera procedente de Asia. Prácticas chamánicas similares, que pretenden asegurar el éxito de la caza y obtener el control sobre los animales, han sido atestiguadas en toda la región ártica, entre las poblaciones tungusas, yukaghiras, samoyedas y dolganas, donde no sólo existe una reina de las focas, sino toda una serie de dueños sobrenaturales del ganado como, por ejemplo, la madre de las morsas o la madre de los renos e, incluso entre algunas tribus esquimales, existen dueños masculinos. Aunque el chamanismo ha sido observado en muchas tribus de Siberia, que ya no son cazadoras y donde éste se restringe a sus funciones de curación y guía de los muertos hacia su lugar de reposo, parece un hecho seguro que el chamanismo se originara en sociedades cazadoras.

Actualmente se debate sobre la antigüedad y la difusión exacta del chamanismo, una cuestión que está estrechamente ligada a la definición precisa de qué es el chamanismo. Hay quienes delimitan el concepto a un estadio determinado de las civilizaciones de Siberia y el Ártico. Sin embargo, el fenómeno que aquí consideramos, esto es, la interacción de un ayudante poderoso de los hombres con un dueño sobrenatural de los animales, no se restringe al círculo polar ártico. Recientemente se han obtenido testimonios sorprendentes sobre cazadores primitivos en la región del Amazonas, donde existen curanderos o chamanes, llamados payé, cuya función principal consiste en entrar en contacto con los señores de los animales para que les envíen animales para la caza y la pesca, como el señor del ganado, que se encuentra en la entrada de los bosques de las montañas, y el señor de los peces, que se encuentra en el fondo de los ríos. El payé cumple con su función tanto con un trance obtenido con ciertas drogas, como vagando realmente entre las lejanas montañas donde generaciones de chamanes han dejado sus pictogramas. […]

La segunda prueba de la que hablábamos tiene como ventaja el hecho de que su antigüedad está más allá de cualquier disputa (aunque resulta difícil establecer su cronología exacta). Sin embargo, su interpretación conlleva dificultades que no pueden resolverse con certitud. Se trata de las pinturas rupestres de Europa occidental, como las de Altamira o Lascaux. Éstas han pasado a ser conocidas en todo el mundo pero la motivación que llevó a estos hombres a realizar tales proezas artísticas resulta un misterio. Con toda evidencia no se trataba de arte por el arte: el acceso a algunas de las cuevas es increíblemente difícil, por lo que se requería una gran valentía y destreza para llegar hasta ellas. Además, se sabe que nunca sirvieron para habitar en ellas. Existen algunos vestigios de las actividades que se efectuaban allí: huellas, marcas del lanzamiento de lanzas contra figurillas de arcilla, una calavera de oso y, probablemente, una piel de oso que habría sido llevada al interior de la cueva y extendida sobre una imagen del mismo animal. En cualquier caso, el elemento dominante de estas pinturas son los animales de caza, ganado salvaje sobre todo, así como caballos salvajes, ciervos y otras especies. Se trata, pues, de espléndidas representaciones de los animales del más allá, y las conexiones con la práctica de la caza son evidentes. Pero sí la caza es una forma esencial de la “búsqueda”, entonces penetrar en esas cuevas debió haber resultado un difícil viaje hacia otro mundo donde se podían encontrar animales. Más en detalle, existen patrones rituales distintos (magia, iniciación o chamanismo), que pueden ser utilizados para explicar estos restos, todos ellos coincidentes en un modelo muy parecido de búsqueda ritual.

En el “hechicero que baila”, la figura enmascarada de la cueva de los Trois Freres, se ha visto a un chamán, y otra escena de la cueva de Lascaux, que representa a un bisonte herido, un hombre aparentemente muerto y un pájaro, también se ha interpretado como una sesión chamaluca. Éstas no son más que meras hipótesis, y existe una notable diferencia, esto es, que el verdadero chamán, en su viaje espiritual, no precisa ni cuevas ni imágenes artísticamente realistas, si bien es verdad que los chamanes del Amazonas realizan pinturas en las rocas y los chamanes siberianos utilizan normalmente figuritas de animales en sus ceremonias. Además, el chamán yakuto lleva una “apertura de la tierra”, un símbolo conocido como el “agujero de los espíritus”, y las piedras perforadas o las pequeñas cuevas en toda Asia siempre han sido y siguen siendo consideradas la morada de los espíritus, lo que atestigua el origen de la espiritualidad en las cuevas. Pero, por encima de todo, existe, como hemos descrito, una evolución sin interrupción de los hábitos de caza a los rituales sacrificiales. El chamán siempre es un especialista del sacrificio: raramente se realiza una sesión chamánica sin el sacrificio ritual de un animal que, al final, se come.
Así pues, desde el punto de vista de los patrones de conducta (que subyacen incluso en los relatos que nos han llegado) podemos establecer, a modo de hipótesis, la evolución siguiente: la estructura elemental de la “búsqueda”, esto es la caza como medio para “obtener” comida, al verse frustrada ante el fracaso se transforma en una “búsqueda simbólica” en la que se explora lo inexplorado, a la espera de lo inesperado, y en la que se supera la desesperación de un modo indirecto. De este modo, los hombres penetraron en las oscuras cavernas y, con la repetición de la búsqueda simbólica, ésta pasó a ser un ritual establecido: penetrar, con osadía y valentía, en las cámaras subterráneas para restablecer y traer de nuevo la esperanza de la abundancia. En otros lugares, la búsqueda sólo debió llegar hasta las montañas, el límite del mundo habitado. El chamanismo es una transformación de este mismo principio, en el que se utilizan las facultades especiales de ciertos individuos como los médiums, en lugar de recurrir a elementos exteriores como las cuevas y las pinturas.

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