Salvador Dalí y el Tarot.

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“El hombre es materia alquímica predestinada a la aurificación”

                                                              Salvador Dalí

El Tarot atribuido a Dalí es uno de los que han experimentado más difusión en los últimos diez años; sin embargo su origen es prácticamente desconocido y llama la atención que, si bien goza de una difusión extremadamente amplia muy pocos especialistas en cartomancia lo utilizan; es habitual entre estos calificarlo con unas palabras tan reiterativas como definitorias: el “Tarot Dalí” no tiene “buenas vibraciones”, “hay algo en él que es negativo, extraño”. No ha faltado quien nos lo definiera como “satánico”.

El “Tarot Dalí” es el producto de un entorno artístico y cultural en el que lo frívolo, las perversiones eróticas, las supersticiones, el gusto por la magia y la brujería, las mancias e incluso el satanismo, se dan cita. En su época se llamó a este ambiente “la corte de Dalí”.

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GALA Y LA CARTOMANCIA

Es suficientemente conocido que muchos surrealistas eran grandes aficionados al Tarot; Gala creía firmemente en la capacidad adivinatoria de las cartas y en la suya propia. Para ella no se trataba de un juego, ni mucho menos de una distracción: era el patrón a través del cual analizaba su vida y la de Dalí día a día, actuando en consecuencia según el dictado de los naipes. Gala generó en Dalí el interés por las cartas del Tarot, hasta el punto de que el pintor se dejaba dirigir por las predicciones que Gala diariamente le realizaba al despertar.

El surrealismo ya había manifestado un interés cierto por el Tarot. Bretón mismo lo había loado e incluso durante los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial él y un grupo de acólitos diseñaron un “Tarot Surrealista” repleto de los símbolos y nombres habituales a este corriente.

Se ha dicho que la afición de Gala -y su dependencia- al Tarot procedía del ambiente parisino en donde en los años 20 y 30 era posible encontrar un adivino en cada esquina; posiblemente un amigo de René Crevel, amigo íntimo de Dalí, le ayudó a dar los primeros pasos en este terreno, posiblemente se tratase de algún amigo de René Crevel; no hay datos fiables sobre esto.

La hermana de Gala afirma que ésta aprendió a tirar el Tarot en Rusia. Cuando Gala se enamoró del poeta Paul Eluard en el sanatorio suizo de Clevedel ya sería -siempre según esta versión- una consumada tarotista. El mismo sobrenombre de Gala, procedería también de sus años de juventud. También es cierto que Gala procedía de Rusia, de Kazán, donde existían fuertes asentamientos gitanos; ella misma solía enfatizar su supuesto origen gitano -en otras ocasiones, también con evidente falsedad, se hacía pasar por judía- para justificar su destreza en el manejo del Tarot.

Cuando conoce a Dalí y se une a él ya dominaba la cartomancia. El pintor era el primero en reconocer sus méritos e infalibilidad; cuarenta años despues de encontrarse y de que Gala cotidianamente le realizara sus predicciones, Dalí comentó a Amanda Lear: “Gala lee muy bien las cartas; un día de tirará el Tarot; es extraordinario”. Y efecticamente llegó el día en que se las tiró; si hemos de creer el testimonio de Amanda Lear, acertó plenamente: “conocerás a un hombre joven que te seducirá por su gentileza”… y así fue, en efecto.

Y es que, en definitiva, como veremos, la historia del “Tarot Dalí” pasa por Amanda Lear.

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LA INSPIRACION ANDROGINA: AMANDA LEAR

Por esos tiempos Amanda empezaba a frecuentar la “corte” de Dalí en París. Era 1965 lo más duro del rock se polarizaba en torno a los “Rolling Stones”, con algunos de cuyos miembros Amanda Lear tenía una estrecha amistad. Fue sin duda su aspecto ambiguo y otros extremos de su físico los que despertaron una irresistible atracción en Dalí; por lo demás, Amanda Lear aprendió pronto los resortes psicológicos del pintor y los supo explotar mientras tuvo necesidad.

Amanda Lear estudiaba Bellas Artes en Londres en el otoño de 1965 y se ganaba la vida como modelo de una agencia parisina. La directora de esta agencia era amiga de Anita Pallemberg, compañera sentimental del “Rolling Stone” Brian Jones, mientras Amanda Lear estaba ligada a “Tara”, un amigo de éste. Fue en el curso de una cena en “Chez Castel” cuando Brian Jones, “Tara” y Amanda, coincidieron con la “corte” de Dalí, a uno de cuyos invitados conocían. Es Amanda quien nos describe la escena: “Estaban sentados en una larga mesa presidida por Dalí, sentado en una especie de trono y rodeado de cortesanos, jóvenes preciosos y favoritas”.

Dalí inmediatamente se sintió atraido por el físico de Amanda, alta, extremadamente delgada, de rostro agresivo: “¿Amanda? Es bonito, no teníamos ninguna Amanda en la corte” y al día siguiente les cita para comer; ya desde esa primera cita se evidencian los motivos por los que atrae la atención de Dalí: “Tiene usted una buena calavera” opina y dice a los otros: “mirad la buena calidad del esqueleto de Amanda”.
Luego Dalí les explicará que, en su concepción, el esqueleto es lo más importante, ¿motivo? “es lo que queda tras la muerte”.

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Salvador Dalí y Amanda Lear

¿EL TAROT DE DALI O TAROT DE AMANDA?

En el verano de 1966 llegó a Cadaqués el productor de la serie “James Bond”, Harry Broccoli con una propuesta para Dalí. Broccoli estaba proyectando un nuevo film de la serie que llevaría el título de “Live and let die” que discurriría en un ambiente de brujería y magia negra. Dalí debería de proyectar unas cartas del tarot que aparecerían en el film y posteriormente serían comercializadas.

El proyecto no llegó a buen puerto -como otros proyectos del mismo estilo- por la suma astronómica exigida por Dalí. Fue precisamente Amanda Lear quien gestionó directamente este tema con Broccoli hasta que, finalmente, las negociaciones se rompieron en Londres. Pero llegado a este punto Dalí ya había hecho algunos bocetos y elaborado ciertas ideas que utilizaría Amanda Lear para componer lo esencial del tarot que conocemos como el “Tarot Dalí”.

En realidad Dalí se limitó a entregar unos cuantos libros de arte a Amanda Lear quien provista de unas tijeras y después de aprender durante unas semanas el significado de las cartas y su lectura, realizó los collages sobre los que Dalí se limitó a dar unas pinceladas rápidas y estampar su firma. El peso del trabajo recayó luego sobre el diseñador gráfico y el grabador quienes dieron a las cartas la forma, el marco y el dorso que conocemos. Así pues, a decir verdad, el “Tarot Dalí” debe tanto a Dalí como a Amanda y ambos son en buena medida responsables del carácter siniestro que muchos especialistas han advertido en sus cartas.

DALÍ  ENTRE SUPERSTICIÓN Y MAGIA

En muchas ocasiones el pintor evidenciaba rasgos supersticiosos.  Alardeaba de haber encontrado en unos de sus primeros paseos con Gala por las playas de Port Lligat el resto de un naufragio del que desprendió un par de astillas que siempre la pareja llevaba consigo: “No lo abandono nunca, protege de todos los males” decía Dalí a Amanda tendiéndole la miserable madera: “Tenga, béselo”. Amanda no pudo sino experimentar una cierta repugnancia ante aquella astilla pútrida que Dalí conservaba siempre envuelta en seda. Fue precisamente tras morir Gala cuando Dalí recibió por última vez a Amanda, en plena oscuridad, para evitar que viera su deterioro físico y solo con la promesa de que no haría ninguna declaración a la prensa. Amanda le dijo simplemente “os he amando tanto…”, “yo también” respondió Dalí y le entregó un objeto envuelto en seda: era la madera que Gala había llevado consigo durante 50 años, el talismán de la suerte.

Así mismo se sabe que Dalí tenía una prevención total hacia el color verde: “¿Ah el verde? !nunca el verde!”, solía decir.

La gran amiga de Gala, la pintora argentina Leonor Fini, era, igualmente, amiga de la magia y creyente sin reservas del Tarot y la Astrología. Solía discutir con Dalí sobre estos temas. La Fini le recordó en cierta ocasión que él también era un “creyente”: “La magia, si… es necesario leer a Lulio, las recetas de magia cotidiana, de Giambattista della Porta, el hermetismo e incluso Freud…[la magia] es la religión más primitiva y antigua que existe. El hombre tiene siempre necesidad de magia. La superstición es la aplicación de la magia a la vida cotidiana”.

El Tarot de Dalí se creo en el año 1970 siendo un conjunto de 78 ilustraciones para fines esotéricos. Entre 1983 y 1984 las cartas fueron publicadas, plasmando el pintor, en una baraja más alargada que las cartas normales, las típicas ilustraciones del tarot, pero con sus respectivas variaciones.

Fuente: 1, 2,

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