La brujería en el mundo mapuche

Por Holdenis Casanovas Guarda

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El kalku o agente maléfico.

Desde temprano algunos cronistas coloniales documentaron la existencia de diversos especialistas entre los mapuche: agoreros, herbolarios, magos, sacerdotes, machis y adivinos. No se preocuparon, sin embargo, en precisar con claridad sus respectivas funciones, lo que ha dificultado establecer si se trataba de oficios distintos o no. Por lo general, los llamaron a todos “hechiceros” y producto de las ideas diabólicas provenientes de Europa, los caracterizaron como “agentes o colaboradores del demonio”.

A los brujos también los llamaron hechiceros y los vincularon igualmente al príncipe de las tinieblas. No obstante, describieron claramente su disposición mal ética y, por lo mismo, el temor que ellos generaban entre las comunidades indígenas.
En el siglo XVIII, el jesuita Miguel de Olivares expresaba que entre los mapuche “hay verdaderos brujos que profesan abiertamente el trato con el demonio”. Luego agregaba: “en esto de temer la muerte por veneno o hechicería, no hay gente más delirante y más tímida,  y es cosa bastante rara y difícil de componer con el discurso cómo a hombres que desprecian tanto la muerte en los combates y que aún la reciben con ánimo tan tranquilo, cuando les viene por enfermedad les cause tanto pavor imaginado”.

“Temen mucho a los Kalku, osea, los pretendidos hechiceros -escribió el abate Melina- porque dicen que éstos habitan de día en las cavernas con sus discípulos … y de noche, transformándose en pájaros nocturnos, hacen correrías en el aire y disparan contra los enemigos con flechas invisibles”. En término muy similares se expresaba el cronista Gómez de Vidaurre”.

Estudiosos e informantes de la cultura mapuche coinciden en definir al kalku como equivalentes de brujo o bruja, ser real y concreto “que hace transacciones o subsiste gracias al “otro lado” , al lado no puro y maléfico de la realidad'”.
“Los brujos son persona capaces de dañar a su semejantes, a los animales, sembrados u otros intereses, utilizando poderes que la gente común no posee, poderes que actúan de una manera que no puede ser detectada y que sólo son reconocidos cuando el perjuicio sale a la luz”.

Entre los poderes que tienen sobre sí mismos se mencionan generalmente los siguientes: “desdoblamiento voluntario de su individualidad en cuerpo y espíritu; hacerse invisible, separar y liberar la cabeza del cuerpo sin cesación de la vida; hacer volar la cabeza; tomar la figura de un ser o ente de la naturaleza; dominar y tener un espíritu a su servicio; concentrar o irradiar energía lumínica y motriz. etc.”

“Respecto de las personas, los kalku pueden tramar y ocasionar la enfermedad y la muerte por medios ocultos o mágicos; succionar la sangre e introducir cuerpos extraños en un organismo distante sin necesidad de aproximación o contacte corporal; robar el alma, etc .

El objeto extraño colocado por el brujo en el cuerpo de su víctima tiene el propósito de debilitar el vínculo que éste mantiene con el alma. Resquebrajada esa íntima unión, aquella puede ser arrapada por el kalku y llevada al reni”.

El brujo tiene la capacidad de comunicar wekufü. La revisión bibliográfica permite apreciar las dificultades que han tenido los cronistas e investigadores para expresar adecuadamente la idea contenida en el término, otorgándole la mayoría, connotaciones negativas. “Los winkas no entienden -expresó Leonel Lienlaf a la periodista Malú Sierra- identifican al wekufe como algo malo … Y no es así : es un equilibrador”.

En tiempos coloniales, Molina lo definió como un ente maligno agregando luego que, según la opinión de los mapuche, “es la razón suficiente de todas las desgracias que acaecen”. Para Olivares “es un ente de cuya figura (los indígenas) no tienen alguna especie ni concepto de su ser … Casi de todas las cosas que les suceden adversas o dañosas atribuyen su error y miedo al huecub … el enfermar  o morir naturalmente ganados u hombres, es que se les metió en el cuerpo, y en suma todo lo infausto, es el huecub”.

Numerosos documentos de la época, especialmente los escritos de misioneros, señalaron esta creencia y declararon el influjo que ella tenía -y sigue teniendo- en la vida de los indígenas .

“Todo aquello que produce daño es wekufü”, según Metraux. El autor recoge otras interpretaciones dadas al término tales como “principio del mal”, “fuerza malhechora”, “causa material de la enfermedad”, es decir, objetos extraños proyectados en el cuerpo de un individuo. Grebe lo explica como el “espíritu genérico del mal”. Para Else M. Waag, “lo diabólico” es la voz castellana que con mayor fidelidad refleja su verdadera significación.

Schindfer, en cambio,llega a las siguiente conclusiones: “1- La expresión wekufü no despierta en todas partes entre los mapuches asociaciones negativas. 2- Como la palabra pillán, Wekufü se usa a menudo como adjetivo, o si se prefiere otra expresión, como atributo. También se le puede describir como epíteto. Al parecer, al igual que Pillán. designa en su sentido fundamental una cualidad … Si alguien insiste en una interpretación, Wekufü se podría traducir como lo prodigioso, lo tremendo o lo demoníaco en el sentido en que lo entendían los antiguos griegos o el poeta: alemán Goethe”

Wekufe se habría “endiablado” a raíz del contacto hispano-indígena, adquiriendo la connotación negativa que actualmente prevalece entre lo mapuche.
Wekufe y Pillán “evidenciarían la realidad ambivalente de lo numinoso”, situación que corrobora Kuramochi cuando expresa que “un ser considerado maligno, en términos generales, no lo es en algunas actuaciones específicas, hay una ambigüedad en las fuerzas que origina, pudiendo producir bien o mal en alguien” , según sea el comportamiento de la o las personas” .

Wekufe se asocia generalmente con el poder de los kalku. Son ellos quienes lo comunican, manipulan o controlan desatando acontecimientos adversos a objeto de dañar al ser humano. Al romperse el equilibrio por esa acción perjudicial, su restablecimiento corresponde a la machi. “propiciador de los espíritus ancestrales, combatientes de las enfermedades y fuerzas del mal, conocedor esotérico de los sagrados códigos y normas que velan por el bienestar de la comunidad y gran conocedor de las hierbas y remedios”.
Fuerzas propicias y adversas. La sociedad mapuche está constantemente tensionada por la lucha entre ambas. “Los araucanos -observó Titiev- creen en una especie de dualismo en el cual los poderes buenos o positivos que sostienen a la sociedad se oponen a las fuerzas del mal que rompen el orden social”. A juicio de los investigadores, la cosmovisión mapuche no supone la existencia del bien y del mal separadamente o el triunfo de las fuerzas positivas sobre las negativas, sino el perpetuo enfrentamiento de esas dos fuerzas antagónicas y a la vez complementarias, necesarias ambas para la reproducción del orden y de la sociedad. En el marco de estas concepciones, el modelo del brujo como figura moral opuesta, actúa como una fuerza estabilizadora, “pues ayuda a controlar la angustia individual y contribuye a regular las relaciones sociales ante ciertos conflictos”.

La acción de los kalku y de la machi se encaminan hacia direcciones opuestas. Mientras los primeros se sirven de los espíritus malignos para provocar la enfermedad y la muerte, las segundas neutralizan, ahuyentan o purifican el mal y restituyen la salud mediante ciertos ritos y conjuros. No obstante, diversos estudiosos han señalado la ambivalencia de este tipo de agentes simbólico-religiosos puesto que, según las circunstancias, pueden ejercer la función benéfica o bien transformarse en kalku. Así lo manifiesta, por ejemplo, Ricardo Latcham para quien, “además de este oficio benévolo de
médico, el machi podía ser y también con frecuencia lo era, hechicero o brujo, pero jamás confundía los dos caracteres”. Según Poerster, la machi goza de prestigio, confianza y respeto en su propia comunidad, donde sus métodos son considerados eficaces y exitosos. Fuera de ella, puede ser tipificada de Kalku Machi, generando temor por las acciones maléficas que se le atribuyen.

Fuente: Diablos, brujos y espíritus maléficos.

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